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Chiche, el arma de Duhalde para arrinconar a De Narváez
Chiche Duhalde, la semana pasada, durante un seminario sobre coparticipación en La Plata, parte del operativo de visibilidad para instalar su precandidatura a la gobernación para 2011.
-Queremos, Hilda, que sea la vice de Felipe -dijo, diplomático, Osvaldo Mércuri.
-Yo les agradezco mucho la propuesta, pero creo que estoy en condiciones de ser gobernadora -los desacomodó Chiche-.
La incomodidad duró unos minutos, y sin Duhalde en la mesa, la cumbre se tensó hasta que la propia Chiche certificó que no iría de vice pero, con un dejo de resignación, admitió que lo más conveniente para el momento era que Solá pudiera ser reelegido como gobernador.
Al final, en un posterior mano a mano con su esposo -donde no faltó el reproche por la falta de apoyo-, ejercitó el poder de veto y de voto: designó a Graciela Giannettasio como la compañera de binomio de Solá y preservó, para sí, el tope de la lista de diputados nacionales.
Siete años después, aquella aventura trunca volvió a renacer: Chiche reconoció, por primera vez en público, que se considera preparada para gobernar la provincia, fraserío que sólo puede traducirse como que lanzó, todavía informalmente, su candidatura bonaerense.
Esta vez, Duhalde la sostiene en todos los frentes aunque, de fondo, subyace una doble intención: el duhaldismo, con la postulación de Chiche, se despega de Francisco De Narváez para enfrentarlo o para negociar desde una mejor posición de cara a 2011.
El empresario, según la percepción de las distintas tribus del peronismo, parece «condenado» a convertirse en el candidato bonaerense de Julio Cobos o, en todo caso, a lanzarse él mismo a una aventura presidencial que se topa con la incertidumbre legal.
En las dos alternativas, el duhaldismo cree que se vuelve imprescindible para De Narváez. Si se queda en Buenos Aires, supone que lo obligarán a negociar para, quizá, intentar imponerle a su vice, butaca que ahora Chiche estaría dispuesta a ocupar. Otro esquema se abre si el dipuempresario salta hacia la presidencial, luego de ver que Mauricio Macri duda demasiado, y lo tientan las encuestas que lo ubican segundo en intención de voto para presidente detrás de Julio Cobos y segundo en imagen detrás de Gabriela Michetti.
En ese caso, especulan los Duhalde, De Narváez necesitará un candidato a gobernador. Ese sería el sendero por donde el duhaldismo podría pretender volver a tomar el control de la provincia luego de 6 años fuera del poder.
La velocidad con que se eslabonan los episodios, la ebullición del ring político, ya inundó la grilla de 2011: con Chiche, crece a tres el número de candidatos declarados -además de De Narváez y Felipe Solá- mientras que, en gateras, al acecho, hay al menos uno más: Sergio Massa.
Scioli, como relató este diario el jueves pasado, hará un lanzamiento en noviembre en La Plata bajo el sello 2+4. El lanzamiento de un plan de gestión para seis años será la excusa para lanzar, abiertamente, sin pronunciar esa palabra, su reelección como gobernador.
Paradojas: Alberto Balestrini, alguna vez un perfecto conspirador, aparece como un sostén imprescindible de la gobernación. Florencio Randazzo, otro que perforaba al gobernador, coincidió con el matancero -los dos incluso se toparon mal con Kirchner- en que había que preservar a Scioli. Surge, en simultáneo, una versión remozada de la transversalidad: la cercanía de Massa con Ricardo Alfonsín induce a pensar que, en algún futuro cercano, podrían confluir dos fórmulas, una a presidente y otra a gobernador, que remixen el formato bipartidista, con Cobos y Felipe Solá en la nacional, y Massa-Alfonsín en la provincial.
Cobos, por mérito propio o por virtud de Kirchner, aparece siquiera hipotéticamente en todos los esquemas: incluso, o sobre todo, en el de Duhalde.


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