7 de junio 2012 - 22:15

Chile: la política toma las calles y desvela ya a partidos sin brújula

Sebastián Piñera llegó al poder con la promesa de superar el anquilosamiento de la Concertación, pero su gestión se caracterizó por la audacia más en los discursos que en la práctica. Una sociedad cada vez más movilizada y demandante califica mal a sus políticos.
Sebastián Piñera llegó al poder con la promesa de superar el anquilosamiento de la Concertación, pero su gestión se caracterizó por la audacia más en los discursos que en la práctica. Una sociedad cada vez más movilizada y demandante califica mal a sus políticos.
Santiago - Cambio, cambio, cambio. La palabra que se repite en Chile para tratar de etiquetar el momento. Y no es, precisamente, la transformación que a toda hora un visitante puede apreciar en la próspera Santiago, donde el frenesí de las grúas, las plumas gigantescas, las retroexcavadoras y los andamios se hacen eco de la efervescencia de Berlín reconstruyéndose en los 90.

La transformación viene desde adentro, con más fuerza que un ejército de bulldozers amarillos y revuelve a todos los chilenos por igual. «El país cambió, pero la política no: permanece congelada en una fotografía de los 90, donde los señores feudales del Congreso actual son los mismos desde hace dos décadas», señala Andrés Velasco, precandidato presidencial por la Concertación de centroizquierda para las elecciones de 2013, en conversación con Ámbito Financiero.

La percepción que los chilenos tienen de esa clase política, estática, se condice con una encuesta de principios de año de Giro País, citada por Velasco. En ella, los futbolistas, con el 44%, aparecen como los profesionales más respetados. Siguen los actores de la TV con el 39% y en las últimas categorías están los empresarios, con el 11%; los líderes sindicales, con el 10%; los sacerdotes, con el 8% y, en el furgón de cola, los políticos, con el 4%.

Cambios

Luis Larraín apunta a otros cambios. «Hasta los 90, el 60% pertenecía a la clase baja; hoy es la clase media la que ocupa ese 60%», dice a esta enviada el economista, presidente del Instituto Libertad y Desarrollo, el «think tank» que más cuadros políticos y técnicos dio al Gobierno de Sebastián Piñera. «En los últimos diez años se duplicó la cantidad de estudiantes universitarios, y en el 70% de los casos es la primera generación que accede a esos estudios», prosigue. «Cerca del 40% de la franja etaria que va de los 18 a los 25 años está hoy en la universidad», agrega. La explicación de lo que sigue, casi ni hace falta: esa movilidad social -cambio al fin- ahora exige calidad. ¿Cómo? Protestando. Reclamando.

«Nunca», dice Velasco, ministro de Hacienda durante toda la presidencia de Michelle Bachelet, «hubo movimientos sociales tan fuertes y autónomos, ajenos a todos los partidos». «Se rompió esa fórmula mágica que decía que estabilidad institucional junto con desarrollo económico son la panacea», señala Larraín, no sin aclarar que la economía creció el 3% en el primer trimestre y la tasa de desempleo está en el 6,5%. «Son los jóvenes los que creen que las elites de la Concertación opositora y de la Coalición gobernante no están beneficiando a la gente», apunta el titular de Libertad y Desarrollo.

Para Larraín, las movilizaciones estudiantiles que sacuden al país desde el año pasado mostraron un profundo cambio de escenario, en el que la Coalición de Piñera, sin reacción en un principio, «quedó al desnudo, pero también la Concertación». Por eso, dice escéptico, no es una cuestión de hacer política más a la derecha o más a la izquierda para «agradar» al soberano: el descrédito de las elites es generalizado y sin color político.

¿Que por izquierda la Concertación puede reencauzarse en las demandas de la nueva clase media y los estudiantes? Quien responde es Juan Antonio Coloma, senador por la centroderechista UDI: «Sería un acto desesperado que ellos sumasen al Partido Comunista, porque lo que ganarían por izquierda lo entregarían por derecha a nosotros», confiesa a este diario. «Éste es un momento importante», agrega, «porque somos un 40% bien unido: enfrente queda ese otro grupo, más grande, pero dividido».

Reclamos

Para el candidato presidencial del progresismo, Marco Enríquez Ominami, un «adelantado» del cambio de acuerdo con su plataforma política de 2009, son tres tipos de reclamos los que pide la «inmensa mayoría»: derechos de los consumidores (recuerda los abusos en los créditos de la Polar), sustentabilidad (políticas conservacionistas para aplicar, por ejemplo, en las represas de HidroAysén) y justicia en el reparto de bienes y servicios, como es el caso de la educación. «Las mayorías cotidianas no son siempre mayorías electorales», dice a Ámbito Financiero. «El desafío es que se conviertan en electorales y la gran pregunta política es si la gente quiere cambiarlo todo o no», no sin recordar, cauto, que «en España los indignados revolucionaron al mundo, pero ganó Rajoy».

«Por avenidas muy distantes de la política tradicional transita hoy Chile», recuerda, lacónico, Andrés Velasco. Falta un año y medio para las próximas elecciones presidenciales: ¿alcanza ese lapso para que la clase política se reencauce con ese Chile que hoy se le desmadra?

Según Marta Lagos, directora de la consultora Latinobarómetro, «Chile transita por un cambio, pero no de valores (políticos), sino de expresión social». «Nos demoramos veinte años en sacarnos de encima los temores del autoritarismo», dice. «Hasta hace poco éramos un país contenido, autoencorsetado, pero las marchas estudiantiles mostraron y muestran que se perdió el miedo a expresar lo propio», explica Lagos.

Y agrega que esos cambios son, sobre todo, de valores. «Entre los 90 y principios de los 2000, el 70% de los chilenos no decía lo que pensaba», apunta. Sin embargo, una medición de 2011 mostró que esa autorrestricción expresiva se había reducido a la mitad, a un 35 por ciento. «Fue en 2002, cuando Chile hizo su click», recuerda Lagos.

Fue cuando uno de los días más fríos de aquel invierno, seis mil voluntarios eligieron desnudarse ante la cámara de Spencer Tunik. El velo se había caído para Chile».

¿Cómo influye esa manera de expresarse en el voto? Poco, dice la analista y socióloga Lagos. «Los cambios de tendencia electoral siempre son lentos». «No va a haber grandes cambios de tendencias», insiste. «Quizás en las municipales de este octubre aflore el voto antipartido, pero eso va a cambiar en las presidenciales, donde sin apoyo de los alcaldes y las alcaldías no se tracciona el voto presidencial», termina.





* Enviada Especial a Chile

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