23 de marzo 2012 - 00:00

China ajusta para contener inflación

China ha sido la nación más exitosa del planeta a la hora de reducir la pobreza. Desde 1980, el PBI por habitante creció a tasas del 8,7% real anual acumulativo. Para obtener ese hecho extraordinario, los gobernantes están descubriendo cómo superar los condicionamientos políticos de la ideología comunista, abriendo amplias esferas de la actividad económica a empresas privadas. Tanto a firmas locales como también a las mayores multinacionales del mundo. No obstante, el Partido Comunista Chino es el único partido político y es quien conduce ese Estado desde la toma del poder en 1949. Para delinear la esfera de las actividades productivas privadas, el Gobierno ha ido forjando reglas de acción, leyes y regulaciones, para especificar los incentivos ofrecidos a los privados y las garantías de que sus patrimonios serán reconocidos.

En el proceso de adecuación de la ideología y praxis oficial a las realidades del mundo, las autoridades chinas han ido adoptando políticas cada vez más homologables con las de las principales economías del mundo. China es hoy la segunda economía nacional del planeta y es reconocida como una de las principales potencias. La seriedad y responsabilidad de sus dirigentes es ampliamente ponderada. Los compromisos oficiales gozan de la mayor aceptación y respeto. China es el principal consumidor de alimentos (soja, cereales) y materias primas del planeta. Para la Argentina, lo que sucede en esa nación es de gran interés.

La adecuación de las políticas chinas a las realidades y prácticas internacionales se verifica con fuerza en materia de inflación. Las autoridades admitieron que la inflación del 6,5% anual, alcanzada en julio 2011, no era aceptable. Por ello iniciaron una serie de ajustes, especialmente monetarios, para bajarla a niveles tolerables, que no comprometieran la estabilidad social. El proceso ha sido exitoso, el IPC bajó al 4,5%, a principios de este año, y apuntan a llevarlo debajo del 4% anual.

Esta reducción de la inflación la consiguieron a través de tres carriles de política, principalmente monetarios, pero también de coordinación de recursos. La política monetaria abarcó los dos resortes fundamentales para comprimir la capacidad prestable del sistema financiero.

El aumento de los efectivos mínimos y la suba de las tasas de interés. Los efectivos mínimos se elevaron casi mensualmente, en 2011, para reducir la expansión crediticia, que pasó del 19,9%, en 2010, al 15,8%, en 2011; la expansión de los depósitos bancarios cayó aún más, de 20,2% al 13,5%, en igual lapso.

El Banco Central de China subió la tasa de interés en cinco ocasiones, en 2011. En una economía con fuerte participación estatal las medidas administrativas no podían estar ausentes. Se tomaron resoluciones para superar cuellos de botella en el agro, producción de cerdos, aceites comestibles, vegetales frescos y fertilizantes.

El resultado fue que la inflación de los alimentos, que constituyen un tercio del IPC, toco un pico del 15%, a mediados de 2011, y se redujo al 10%, recientemente. El resto de los componentes del IPC pasó de un alza del 3%, a mediados de 2011, a un 1,8%. Al llevar la tasa de interés testigo a un año al 6,5% anual, el Banco Central eliminó el subsidio implícito de tener una tasa de interés similar a la inflación. Al hacerlo, las tasas de interés de corto plazo subieron en términos reales a un 2% anual.

Frente a los ajustes necesarios para continuar con el asombroso desarrollo económico y prolongarlo en el tiempo, las autoridades chinas han anunciado una reducción de la meta de crecimiento, al 7,5% anual, en 2012. Las autoridades apuntan a depender menos de las exportaciones y volcar esfuerzos al consumo interno y mejorar las brechas de ingresos. De todos modos, los observadores conocen que las autoridades normalmente establecen metas que superarán en los hechos, prometen menos de lo que realizarán. Desde 2004, el objetivo era un crecimiento del 8% anual acumulativo y concretaron un 11% anual promedio. En 2012, los analistas apuestan a un crecimiento del 8% al 8,5%.

El camino al éxito ha pasado por acuerdos y negociaciones con todos los países y principales empresas mundiales. En ese entendimiento, las políticas nacionales de China aceptan enseñanzas de la ciencia económica, reconocidas en el mundo avanzado. El control de la inflación es un objetivo fundamental para conseguir consensos sociales y sostener la autoridad del Gobierno. Una inflación superior a las tasas toleradas socavaría los apoyos de la población. Al igual que en las naciones avanzadas, reconocen que la inflación es un fenómeno fundamentalmente monetario y se controla con política monetaria.

Una nación con 1.600 millones de habitantes, cada vez más conectados con el mundo e instruidos en los conocimientos aceptados, no puede arriesgar el progreso obtenido con políticas erráticas, aventuradas, sin fundamentos sólidos. En China, los funcionarios no descalifican a las comprobaciones de la ciencia económica ni desprecian las teorías más reconocidas en el mundo. No es por casualidad que consiguieron crecer a un ritmo nunca observado de forma sostenible durante 30 años.

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