- ámbito
- Edición Impresa
Christianne Stotijn ofreció un sólido recital de cámara
La mezzosoprano holandesa Christianne Stotijn demostró en su debut en el Teatro Colón un talento sólido para la canción de cámara, acompañada por el pianista Maciej Pikulski.
De los diversos desafíos que puede enfrentar un cantante, uno de los mayores es el recital al piano. Un formato que "desnuda" como ningún otro al artista en sus posibilidades técnicas e interpretativas, en su capacidad de comunicación con el público, en su fluidez idiomática, en su versatilidad y su poder de concentración. Convocada por el Mozarteum Argentino, la mezzo holandesa Christianne Stotijn demostró en su debut en el Teatro Colón un talento sólido para la canción de cámara, en el marco de un programa nada fácil y diseñado con inteligencia: cuatro bloques de canciones de cuatro autores: Tchaikovsky, Strauss, Mahler y William Bolcom. Los tres primeros fueron a su vez armados como unidades cerradas (de ahí el pedido de la cantante al público de no aplaudir hasta el final de cada uno) y hechas de contrastes entre una pieza y otra.
Aún en una sala de dimensiones grandiosas como lo es la del Colón, Stotijn logró desde el inicio un clima intimista y supo administrar con astucia los muchos recursos de su voz, incluyendo la emisión por momentos lisa o destimbrada para el subrayado de las palabras que lo requerían. Y si su tarea fue asombrosa fue quizás en parte gracias a su compañero de ruta, Maciej Pikulski, quien fuera partenaire, en ese mismo escenario y hace ya más dos décadas, del gran José Van Dam en el inolvidable "Winterreise" y en sus presentaciones del 2006. Ya en el primer acorde de "Sred' shumnava bala" de Tchaikovsky, con la que abrió el recital, el pianista polaco volvió a desplegar su paleta de colores y su sexto sentido para fusionar su parte con la voz.
Stotijn eligió cerrar el programa con un autor contemporáneo, William Bolcom, y un estilo menos académico, en tres de sus "Canciones de cabaret": "Places to live", "Song of Black Max" y "Fur (Murray the Furrier"); si bien la interpretación de la mezzo fue comprometida y plena de detalles, tal vez hubo en ella demasiada pulcritud y mesura. Lo mejor de Stotijn volvió a exhibirse en los bises que ofrecióal sector más entusiasta del público: la primera de las "Canciones gitanas" de Brahms y una de las "Canciones infantiles" opus 54 de Tchaikovsky, "Kukushka".


Dejá tu comentario