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Clave para inversores: el riesgo del “Brexit” manda en las Bolsas
Quien quiera acción inminente puede sintonizar el Canal de la Mancha. La vigilia del Sí o No al Brexit promete la emoción que la Fed nos retacea. The Independent publicó una encuesta que rompió los ratings. El adiós de Gran Bretaña a la Unión Europea le saca allí diez puntos de diferencia -55% a 45% - a la alternativa de la pacífica permanencia. Tamaña distancia no estaba en los cálculos de nadie, y el viernes pasó factura. Es verdad que no es el único sondeo de opinión: el que realiza YouGov arroja una luz de ventaja a favor de quedarse en el club. La incertidumbre crecerá. No sólo las encuestas difieren, sino que la última vez que dijeron todas lo mismo fue en el fiasco monumental de las elecciones generales. El premier David Cameron aconseja, lisa y llanamente, ignorarlas, no dejarse influir a la hora de tomar la decisión personal. Total, dice, la gran encuesta se hará el 23, y será pública e inapelable. ¿Qué va a pasar? Ya asistimos al espectáculo abrasivo de una porfía muy cerrada, el año pasado, en Escocia. Sin embargo, a la hora del sufragio, el salto a la independencia se frustró (por amplio margen) dado el apego mayoritario al statu quo, un rasgo silencioso pero fuerte que prevalece en este tipo de contiendas inflamables. Eso sí, si se rompe el molde, no habrá suba de tasas en julio. Tal vez, una baja que no alcanzará por sí sola para apaciguar el fuego de la conmoción.
El fantasma del Brexit, recargado, empujó un rally rotundo de los bonos (y la marcha atrás de las Bolsas). El bund alemán de diez años quedó en el vértice mismo de la tasa cero: rinde apenas tres diez milésimos. Que el BCE empezara la adquisición de bonos corporativos (Siemens, Renault, Telefónica, entre otros) no hizo sino acentuar la búsqueda desesperada de rendimientos. Toda la curva soberana suiza -hasta los veinte años inclusive- yace hoy bajo cero. En Japón, el límite lo fija el bono de diez años (que quedó también bajo el agua). Países problemáticos hasta hace muy poco como Italia o España hundieron el tramo que va hasta los tres años (y la verde Irlanda, hasta los cinco). ¿Cuál es el único país desarrollado que todavía obla un diezmo de generosidad a sus acreedores? El que salió mejor parado de la crisis: EE.UU. Diría Ripley, créase o no, es la única curva del G-7 que aún exhibe retribuciones positivas a lo largo de toda su extensión, aunque módicas (y declinantes). En las subastas de Treasuries los inversores foráneos fueron las estrellas con un protagonismo de nunca jamás. La ironía se cierra con un dólar calmo, nada agresivo (lo que agradecen los que -como los emergentes- cuelgan del hilo más delgado), abúlico frente a monedas que no rinden nada y prometen, a diferencia de la Fed, rendir menos. Habrá pax financiera mientras esta paradoja se resista a corregirse.
Wall Street, hasta el viernes, merodeó los récords casi sin proponérselo. Las acciones de consumo básico y servicios públicos alcanzaron nuevos máximos absolutos. Y también las industriales. Así, la encuesta del Brexit fue buena excusa para dar el paso atrás. ¿Qué esconden las tasas largas que se precipitan con tanta fuerza? Quien ignora adónde tiene que ir y no se desborda de autoestima, desconfía de los vientos. Lo sensato fue desensillar. Inquieta que la Fed suba pronto las tasas cortas, y, por lo visto, también que los mercados bajen de golpe las tasas largas. No hay apuro en cruzar el Rubicón -y la avanzada lo ha hecho sin esfuerzo-; la idea será esperar hasta que aclare (o lleguen, en términos de fundamentos, mejores pertrechos).


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