22 de agosto 2016 - 00:00

Clave para las Bolsas: comienza cumbre de banqueros centrales

La Reserva Federal puede subir las tasas, pero también las metas de inflación. Los cambios que se vienen.

Soplan vientos de cambio en la Fed. Y no hay esfuerzo por ocultarlos. ¿Qué cambiará antes? ¿La tasa de fed funds en un módico cuarto de punto? ¿O la meta de inflación en un par de puntos holgados, del 2% anual al 4%? Se toman apuestas. Para la próxima reunión, 20 y 21 de septiembre, no se esperan novedades pese a los dichos de personeros varios -entre ellos, el influyente Bill Dudley de la Fed de Nueva York- y de la constancia en las minutas de que dos altos funcionarios -una, Esther George de la Fed de Kansas City- querían elevar la tasa ya en el mitin de agosto. Con una economía que promete surcar el tercer trimestre a una velocidad del 3% (según los pronósticos de la Fed de Nueva York) o más (3,6% estima la Fed de Atlanta) se cree que el banco central recién despachará un ajuste en diciembre, tras las elecciones (a menos que Donald Trump dé un batacazo). Esta es la discusión convencional, pero no la más trascendente. En efecto, la Fed medita cambiar de cuajo el modelo analítico que rige la política monetaria, quizás antes de diciembre. La Reserva de Saint Louis, por caso, lo hizo en junio. Descartó la narrativa que conducía a la conocida escalera de suba de tasas hasta coronar una tasa de equilibrio estacionario en torno al 3% (en ¿2019?), y adoptó una visión que enfatiza la vigencia de un nuevo régimen de baja productividad y baja tasa real de interés. Mientras la economía permanezca allí no habrá regreso posible (ni recomendable) al patrón normal del pasado. En el nuevo estado una única suba de tasas nominal -a un nivel del 0,63%- basta para cumplir la receta de la regla de Taylor. Con una inflación esperada del 2%, el equilibrio monetario requiere hoy una tasa de interés real negativa en torno al 1,37% (en línea con la tasa real a 1 año de plazo registrada como promedio entre 2013 y 2016). Para James Bullard, titular de la Fed de Saint Louis, el lema es simple. Una más y no molestamos más (hasta el próximo cambio de régimen).

¿Es Bullard un diletante? No. Tampoco John Williams, presidente de la Fed de San Francisco, quien abrió el debate al público. Para los bancos centrales es hora de "adoptar un nuevo marco de política monetaria en un mundo de baja tasa natural de interés real". En la actual normalidad, pontifica, las recesiones serán más largas y profundas; las recuperaciones, más lentas; y muy superiores los riesgos de una inflación inaceptablemente baja y de una eventual pérdida del ancla nominal de los precios. A su criterio, el abordaje más directo pasa por la adopción de una meta de inflación más alta. La idea no es novedosa -se la recomendó Ben Bernanke a Japón en 2003 (se cuidaría luego de ventilarla para los EE.UU. cuando le tocó presidir la Fed), la impulsaron, entre otros, Kenneth Rogoff en 2008 u Olivier Blanchard en 2010 desde el FMI-, pero lo que marca diferencias es la plataforma de su relanzamiento y, tras años de bregar con el vademécum no convencional, el sentido de la oportunidad. Como la tasa natural de los EE.UU. orillaría hoy el 0% real cuando era del 2% antes de Lehman -y cada punto de merma exige a modo de compensación un aumento de un punto en la meta de inflación- lo que propone es mantener el inflation targeting duplicando su objetivo al 4% de inflación anual. A guisa de primer paso.

La Fed no infla globos de ensayos porque sí. La cumbre mundial de los banqueros centrales se celebra esta semana en Jackson Hole. El viernes hablará Janet Yellen, predecesora de Williams al timón de la Reserva de San Francisco, y quien corta el bacalao. El tema del Simposio: "Diseñando Marcos Resilientes de Política Monetaria para el Futuro". Es de presumir que Bullard y Williams sean la avanzada de la ofensiva (montaron una cabecera de playa, distraen quizás del emplazamiento de su objetivo principal). Pero el futuro ya llegó con la doble fatiga, social y de los "animal spirits". El despertador del Brexit y el desayuno en America (el revuelto de Trump, Hillary y Sanders que se sirvió en campaña) son timbres de alerta. No en vano cita Williams a Maquiavelo. No se puede confiar en la fortuna. Hay que prevenir la tormenta, y también construir los diques que la contengan.

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