La Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) dijo en un documento que sus equipos inspeccionaron 21 de las 23 instalaciones de armas químicas en todo el país. Los otros dos lugares eran demasiado peligrosos para ser visitados, pero el material químico que contenían ya fue trasladado a otras instalaciones que sí fueron analizadas, añadió.
Siria "completó la destrucción funcional de equipos críticos en toda su producción de armas químicas declarada y en las plantas de mezcla y relleno, volviéndolas inoperativas", dijo el organismo, que había impuesto como plazo el 1 de noviembre.
El siguiente plazo es el 15 de noviembre, cuando la OPAQ y Siria deben acordar un plan detallado de destrucción, que incluye cómo y dónde acabar con más de 1.000 toneladas métricas de agentes y munición tóxica. El proceso debe estar completado para mediados de 2014.
En virtud de un acuerdo mediado entre rusos y estadounidenses, Damasco accedió a destruir todo su armamento químico después de que Washington amenazara con usar la fuerza en respuesta al asesinato de centenares de personas en un atentado con gas sarín a las afueras de Damasco el 21 de agosto.
Se trató del ataque con más muertos por armas químicas desde que las fuerzas de Sadam Husein usaran gas venenoso contra la ciudad kurda de Halabja hace 25 años.
"Fue un momento importante en los esfuerzos para eliminar el programa de armas químicas de Siria", dijo Ralf Trapp, un especialista independiente en desarme de armas químicas. "La mayoría de lugares e instalaciones declarados por Siria ante el OPAQ fueron inspeccionados, sus inventarios verificados, sus equipos para la producción de armas químicas desactivados y apartados del uso, y algunas de las armas no rellenadas fueron también descartadas".
En uno de estos lugares, la OPAQ dijo que pudo verificar la destrucción remotamente, mientras que las fuerzas sirias habían abandonado los otros dos lugares.
Trapp dijo que era "importante asegurar que las instalaciones restantes puedan ser inspeccionadas y su equipo y armas inventariadas y preparadas para la destrucción cuanto antes".
Estados Unidos y sus aliados culparon a las fuerzas del dictador Bashar al Asad del ataque y de varios incidentes previos. El presidente sirio ha rechazado la acusación, culpando a las fuerzas rebeldes que combaten su régimen.
La misión de la OPAQ se está llevando a cabo en medio de una guerra civil que dura ya dos años y medio, en la que murieron al menos 120.000 personas, según datos difundidos ayer por el Observatorio Nacional para los Derechos Humanos (Ondus). Según la organización, 42.945 de ellas eran civiles (6.365 niños), casi 30.000 soldados progubernamentales, 18.678 miembros de milicias que apoyan al régimen y 18.122 rebeldes.
| Agencias Reuters, EFE, AFP, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero |


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