31 de julio 2015 - 00:00

Colón: magistral fin de fiesta de Barenboim y Argerich

El magnífico cierre del “Festival de Música y Reflexión” sólo se lo empañó un sector del público que no comprendió el espíritu del homenaje que Daniel Barenboim y Martha Argerich dedicaron a la recientemente fallecida Pia Sebastiani.
El magnífico cierre del “Festival de Música y Reflexión” sólo se lo empañó un sector del público que no comprendió el espíritu del homenaje que Daniel Barenboim y Martha Argerich dedicaron a la recientemente fallecida Pia Sebastiani.
"Festival de Música y Reflexión". West-Eastern Divan Orchestra. Dir.: D. Barenboim. Solista: M. Argerich (piano). Obras de Beethoven y Tchaikovsky. (Abono Estelar, Teatro Colón, 29 de julio)

Hace un año, el concierto en el que Martha Argerich se presentó como solista junto a Daniel Barenboim y la West-Eastern Divan Orchestra constituyó su gran "rentrée" al Colón y ante el público porteño después de una década de indeseada ausencia. En aquella oportunidad la pianista ingresó al escenario con una visible cuota de nerviosismo y transitó con tensión el primer movimiento del concierto número 1 de Beethoven, "aflojándose" recién a partir del segundo. A pesar de que este año el esquema le había dado ya dos oportunidades de contacto con el público (sábado y domingo pasados), el miércoles Argerich, la impredecible, reiteró en cierta manera la ecuación en el segundo concierto del autor.

Afortunadamente la solvencia técnica y talento interpretativo de la gran dama del piano le permiten brindar una interpretación magistral pese a estas interferencias, visibles en sus gestos y miradas. Con gran mesura en la dinámica, el fraseo y un sutil empleo del pedal, Argerich desbordó musicalidad e inteligencia, seguida al milímetro por Barenboim y una WEDO de perfecto balance. Finalizado Beethoven, y tal como la presencia de otro piano en un costado del escenario permitía intuir, hubo una obra fuera de programa pero no a uno sino a dos pianos. Solemne, el director anunció que en homenaje a Pía Sebastiani, fallecida días atrás, Argerich y él interpretarían el "Bailecito" de Guastavino, que la gran pianista había elogiado cuando el dúo lo tocó en agosto del año anterior. Lamentablemente la conducta de un sector del público estuvo muy lejos de la profundidad y el espíritu de este homenaje inusual: no sólo hubo aplausos que desoyeron el pedido que Barenboim había hecho para que fueran el silencio y el recuerdo de Pía lo que primara, sino que hubo a continuación un ajetreo nervioso, como si nada de trascendente hubiera sucedido. Fenómenos que sumados a las toses y otros ruidos que ya son parte del paisaje de los conciertos restaron mucho del clima que habría podido lograrse.

En la segunda parte, la Cuarta sinfonía en fa menor de Tchaikovsky mostró las infinitas y maravillosas posibilidades que la WEDO, una orquesta en la que se conjugan el vigor juvenil, el espíritu de equipo y la madurez individual, brinda a una mente portentosa como la de su creador y director. En un contexto en el que todas las secciones brillaron por igual hubo momentos para cortar el aliento, como el pizzicato del "scherzo", plasmado con una riqueza dinámica asombrosa. Dos bises contrastantes completaron la magnífica actuación de la orquesta: el "Vals triste" de Sibelius y la obertura de "Ruslan y Ludmila" de Glinka guiada por Lahav Shani (26 años), a quien Barenboim presentó como uno de los directores jóvenes más talentosos y cuya actuación no decepcionó, aunque algunos hayan coreado después, infructuosamente, el nombre de Barenboim para hacerlo regresar a escena, mostrando nuevamente no haber comprendido en absoluto su mensaje y su voluntad.

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