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Compiten Sarkozy y los opositores por mostrar frenesí proteccionista
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, saluda a niños en el Elíseo. El furor «made in France» casi no distingue ideologías.
«No me opongo por principio a la implantación de fábricas francesas en otros países, es normal que se construyan en China coches que queremos vender en China», dijo el martes Sarkozy ante un centenar de trabajadores de la fábrica de esquíes Rossignol (Alpes franceses), convertida en un símbolo de la relocalización.
«En lo que no estoy de acuerdo es en fabricar coches en el extranjero para luego venderlos en Francia. Nuestra política es la de estimular a las empresas para que produzcan en Francia», añadió ante los obreros de esa empresa, que decidió el año pasado repatriar a Francia parte de su producción subcontratada en Taiwán.
Sarkozy, que todavía no declaró oficialmente su candidatura, no es el único en reivindicar el proteccionismo, que incluye no sólo la idea de producir en suelo francés sino también la de incitar al consumo de productos «Made in France».
Desde la extrema derecha hasta la izquierda, muchos son los candidatos que reclaman un repliegue económico del país para luchar contra la crisis y dar respuesta a las incertidumbres que pesan sobre el futuro del euro.
La candidata ultraderechista Marine Le Pen, que según los últimos sondeos obtendría entre 16% y 20% de votos en las presidenciales, denunció recientemente los «efectos devastadores» de la mundialización después de que el constructor de automóviles PSA anunciara la reducción de 4.000 empleos en Francia.
«La dirección de PeugeotCitroën, guiada únicamente por la lógica del ultraliberalismo y la búsqueda desenfrenada de beneficios a costa de los trabajadores aplica los dogmas devastadores de la mundialización», dijo Le Pen.
En el otro extremo del arco político, el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, también es partidario de la «relocalización de la producción». Y el centrista François Bayrou es partidario de «comprar francés».
«Hay que entender que comprar francés no es ninguna palabrota, es un acto ciudadano», dijo el dirigente que en los sondeos le disputa el tercer puesto de las presidenciales a Le Pen.
Por su parte el rival socialista de Nicolas Sarkozy, François Hollande, es partidario del «patriotismo industrial», según su portavoz Benoit Hamon.
Frente a este resurgimiento del proteccionismo económico, los expertos son escépticos y señalan que los casos de relocalización como el de Rossignol es un fenómeno muy minoritario. Según cifras del Gobierno, el peso de la industria en la economía francesa sigue siendo relativamente importante (12% del PBI) pero su declive es imparable y se habrían perdido unos 2 millones de puestos de trabajo en los últimos 30 años.
Los más optimistas creen que el consumo chino de los productos de lujo franceses podría ayudar a revitalizar el tejido industrial del país. El «compre francés» como solución a los males del país que predican los candidatos a las presidenciales tampoco convence a los economistas.
Crítica
«No es una buena idea. Hoy en día la mayoría de productos industriales tienen multitud de nacionalidades, con componentes de varios países. Los circuitos son mucho más complejos», indicó Jean-Marc Siroen, profesor de Ciencias Económicas de la Universidad París-Dauphine, que tampoco cree en los beneficios electorales del proteccionismo.
«Los grandes partidos están preocupados porque creen que si no hablan del Made in France perderán votos. Necesitan construir un discurso sobre la mundialización que no sea demasiado complejo. Y este es un tema fácilmente comprensible, que parece una respuesta razonable a los problemas de la gente», añadió Siroen.
Para el consumidor, incluso el más motivado, es muy difícil determinar el origen de un producto, a pesar de las numerosas etiquetas Hecho en Francia» que la industria pone a sus productos.
En muchos casos se trata sobre todo de una estrategia comercial para atraer al cliente y no de una definición exacta del origen del producto.
Agencia AFP


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