16 de mayo 2011 - 00:00

Con la boca llena de gol

Debajo de la montaña humana está Martín Palermo con la boca llena de gol. Boca ganó el superclásico por practicidad y complicó a River en el promedio. No fue superior en el juego, pero aprovechó un insólito error de Juan Pablo Carrizo y la capacidad goleadora de Palermo para ganar.
Debajo de la montaña humana está Martín Palermo con la boca llena de gol. Boca ganó el superclásico por practicidad y complicó a River en el promedio. No fue superior en el juego, pero aprovechó un insólito error de Juan Pablo Carrizo y la capacidad goleadora de Palermo para ganar.
A Boca le salió todo redondo. Le ganó a River el superclásico y Martín Palermo pudo tener su fiesta particular, marcando un gol en su último derby.

A River, en cambio, no le salió nada bien, porque esta derrota puede pagarla muy cara al final del torneo Clausura.

Boca lo liquidó en dos minutos, cuando River era el dominador del partido, aunque demostraba una falta de contundencia muy notoria. Tan notoria que tiene sólo 11 goles a favor en 14 partidos.

Después de 15 minutos de estudio, en los que la pelota transitó en la mitad de la cancha y hubo una lucha de personalidades entre Matías Almeyda y Leandro Somoza, River empezó a encontrar la pelota y los espacios, y de la mano de un Erik Lamela, inspirado, se convirtió en dominador.

Lamela se ubicó a espaldas de Chávez y por ahí hacía salir muy lejos a Somoza, que a los 17 minutos fue amonestado por una falta al juvenil, y conseguía arrimar la pelota al área. Allí empezaban los problemas, porque Funes Mori se equivocaba en todas las que tocaba y Mariano Pavone estaba más preocupado en tirarse que en rematar al arco.

No obstante, en esos minutos hubo dos errores de la terna arbitral fundamentales. El primero, a los 19 minutos, cuando Insaurralde empujó groseramente en el área a Funes Mori y Loustau no dio penal; y el segundo, una posición adelantada mal cobrada a Lamela cuando estaba en posición de gol. Estas dos circunstancias podrían haber cambiado el destino del partido, pero, en cambio, fue un error de Juan Pablo Carrizo el que dio vuelta las cosas.

El arquero había tirado al córner un remate de Mouche y en el centro del delantero salió mal (molestado sin falta por Chávez) y desvió con su rodilla una pelota que iba paralela y la metió en su propio arco. Fabián Monzón, que la rozó de cabeza, quiso adjudicárselo con cabriola incluida, pero fue gol en contra del arquero.

Boca pegó sobre caliente y, dos minutos después, en una pelota que fue y volvió al área sin que nadie la despejara, Palermo se la encontró en la cabeza y dijo «ésta es la mía» y fue nomás su gol 225 en los torneos de AFA.

Después con el 2 a 0 a favor, Boca especuló con la desesperación de River y con el despliegue de Cristian Chávez y algunos toques de calidad de Riquelme fue emparejando el partido.

River siguió teniendo a un Lamela que quería erigirse en el cerebro del equipo, pero en el resto los músculos no respondían. Funes Mori siguió tan intrascendente como empezó y Pavone se entregó a una lucha con Insaurralde, que el defensor de Boca con oficio le ganó.

Boca quiso liquidarlo en un contraataque, pero le faltó precisión para definirlo.

Mientras el 80% del público cantaba: «El que no salta se va a la B» y disfrutaba de cargar a su clásico rival, el partido se fue haciendo violento, cuando no había motivos, y terminó con el escándalo entre Almeyda y Clemente Rodríguez, que fue una muestra de impotencia de un River que no juega mal, pero no concreta las situaciones que genera y así peligran sus posibilidades de salvarse de la Promoción. Por ahora, el triunfo de Independiente lo dejó fuera de esa posibilidad, pero faltan cinco fechas y todo puede pasar.

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