22 de junio 2009 - 00:00

Con la caída del turismo, el tango dejó de ser rentable

La emblemática Esquina Homero Manzi está entre las casas de tango que siguen «a pérdida», según fuentes del sector; para adecuarse a la crisis, todas achicaron sus shows y bajaron sus precios para atraer al público local.
La emblemática Esquina Homero Manzi está entre las casas de tango que siguen «a pérdida», según fuentes del sector; para adecuarse a la crisis, todas achicaron sus shows y bajaron sus precios para atraer al público local.
El dengue, la inseguridad, los conflictos con Aerolíneas Argentinas y hasta la gripe porcina -todo enmarcado en la crisis económica mundial, naturalmente- perjudicaron a la industria turística local y sus derivados, entre ellos, las tanguerías.

La concurrencia a las casas de tango cayó 50% en relación al año pasado y, si bien actualmente estamos en temporada baja, la perspectiva a partir de septiembre no es muy halagüena en cuanto a la mínima certeza de que el turismo mejore.

Así lo explicó a este diario Luis Veiga, propietario de El Viejo Almacén y Presidente de la Cámara de Casas de Tango y Música Popular Argentina: «Ya no es como antes, que el turismo extranjero reservaba con un año de anticipación en la tanguería. La impresión de que la perspectiva pueda mejorar es más bien cauta. El destino argentino dejó de ser barato y existen otros países que el europeo o norteamericano privilegian. Antes, al menos, teníamos un dólar competitivo, pero ahora ni eso. Hubo récord de afluencia en 2006 y 2007, pero la caída se agudizó en los últimos 6 o 7 meses».

De las varias tanguerías que cerraron, puede señalarse Piazzolla tango, que era un local improvisado, lo que podía hacerlo más proclive al cierre. Pero era una casa de tango que tuvo muy buen funcionamiento y fue decayendo, primero con menos shows, hasta que tuvo que cerrar. Lo mismo ocurrió con El Barracas, otro boliche que apostó en infraestructura, reciclaje e inversión en personal. También cerró Che Tango, y las que continúan abiertas, reciben la mitad de público que hace un año.

Aquellas emblemáticas que se mantienen pero «a pérdida» según sus dueños, son, entre otras, El viejo almacén (celebró este año su 40° aniversario) Señor Tango, la Esquina Carlos Gardel, la Esquina Homero Manzi, Tango porteño, que funciona donde estaba el cine Metro, con 1500 localidades de las cuales cubren 200 los días más concurridos.

Veiga explica: «Todas la tanguerías bajaron sus costos, todas trabajan a pérdida, algunas abren sólo de jueves a domingo, cuando antes se trabajaba de lunes a lunes. Las tanguerías tradicionales no van a cerrar pero pierden, entre ellas, Señor Tango, La ventana, El querandí, El Metro, Soler, El viejo almacén, entre otros. Varias no resistieron y cerraron».

En cuanto a Tango Palace, que funciona en La Rural, redujo días y horarios, mientras Madero Tango realizó una reestructuración de imagen, además de elaborar un show con un presupuesto más acorde al público local, ante la caída turismo.

Atrás quedaron aquellos años prolíficos para el tango como industria, por el fuerte crecimiento del turismo beneficiado por el cambio. Hace dos años funcionaban más de 170 locales en la Ciudad (40 casas de tango y 130 milongas). El negocio del tango llegó a mover 405 millones de pesos anuales, lo que llevó a la creación de la Cámara de Casas de Tango y Música Popular Argentina que preside Veiga. «En 1995, cuando arrancamos, había sólo seis casas de tango, diez años más tarde la competencia se multiplicó. Pero ahora, se vive la decadencia», señala.

La convocatoria a tanguerías está conformada por 70% de turismo extranjero y 30% argentino. Sin embargo este último apunta sólo al mercado local corporativo, esto es, eventos de empresas. La asistencia de particulares, según Veiga, es nula. Puede diferenciarse el público extranjero al que apuntan las tanguerías mencionadas, que cobran entre 180 pesos (sólo derecho al show) hasta 400 pesos (dinner vip show), aquellas que apuestan al público local, con entradas más accesibles como la Esquina de Osvaldo Pugliese ( derecho a espectáculo entre 10 y 18 pesos según el día) o la Homero Manzi en San Juan y Boedo.

En tercer lugar están las milongas, que en su mayoría se dirigen al público nacional y cobran entradas de 10 a 20 pesos. A la milonga nunca pareció llegarle del todo el «for export» y sigue siendo un fenómeno popular. La convocatoria también cayó. Antes cualquier día de semana estaba lleno, mientras actualmente, ante la escasez, hubo que recortar no sólo días sino orquestas en vivo. En el pasado tocaban a diario y hoy en día, para abaratar costos, se las llama cada 15 días o un mes.

La Esquina Homero Manzi también adecuó los precios para que sean más accesibles al público local. Si bien ofrece shows de tango a las 22 de lunes a lunes, sumó otra oferta distinta los viernes y sábados a la medianoche, para atraer mayor público, no sólo vinculado al tango.

Su director musical, Julián Hermida, dijo a este diario: «Abrimos en 2000 y este año es el de mayor decadencia, al menos nos mantuvimos y no tenemos que cerrar. Hay otros factores que redujeron el turismo, además de la crisis, por ejemplo, la inseguridad, que disuade a la hora de salir. Y en cuanto a los extranjeros, los problemas vividos con Aerolíneas Argentinas no se olvidan, agravados por el tema de este año, el dengue, que afuera se vivió con más gravedad, como si fuera cólera. Todo esto aporta una imagen nefasta del país a un extranjero».

La Homero Manzi abre a diario, pero los lunes o martes asisten unas 20 o 30 personas, cuando la capacidad es para 300.

Veiga explica el porqué del trabajo a pérdida: «Hay que abrir aunque sea con público mínimo porque hay que asumir los compromisos con turistas que reservaron con anticipación. Publicitamos el tango en toda Europa y, si llega turismo a las tanguerías, es por el trabajo fecundo de los operadores. Igual ya no alcanza, porque un destino como Argentina, que era barato, ya no lo es. Era seguro, y ya no lo es».

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