20 de septiembre 2013 - 00:00

Con la paciencia de Pablo

Con la paciencia de Pablo
Podemos pensar que Pablo (el santo de Tarso) fue por su condición de fariseo el primero de los banqueros cristianos (los fariseos manejaban las mesas de cambio en el Templo de Jerusalén, de donde los expulsó Jesús). Como tal, era proverbial su dedicación al trabajo; paciente y educado seguramente hubiera sido capaz de bien atender hasta el más insoportable de sus clientes, aun los pasados de peso y soberbia, estudiando sus necesidades y resolviéndolas en beneficio de todos. Tal vez sea esta falta de dedicación que vemos en muchos de los banqueros y bancarios modernos, lo que mejor explique el desconcierto que aún se percibe entre los principales analistas financieros respecto a la decisión de la Reserva Federal de posponer (de no mediar una catástrofe, esto es en la práctica lo que aconteció) la reducción de su actual plan de estímulos (iniciando el llamado "tapering"). Podemos ensayar muchos argumentos que justifiquen el error de los "especialistas", pero en definitiva todos se reducen a la confianza excesiva depositada en las palabras de Bernanke y su gente. En principio con la prolongación del escenario, la situación para lo que tiene que ver con la renta fija y la de riesgo, o los commodities agrícolas e industriales, no cambiaría demasiado. Los que en cambio sí tienen argumentos para quejarse son los que apostaron por una revaluación del dólar y/o se volcaron al oro. Ni el 0,26% que perdió ayer el Dow al cerrar en 15.636,55 puntos, ni la suba de la tasa de 10 años a 2,748% anual son porcentualmente significativas, sin embargo, no deja de resultar curioso que el "efecto sorpresa" del miércoles durara menos de 24 horas. Es claro que el mercado aguarda más información y para esto hace falta paciencia. Sólo podemos entonces decir: gracias Pablo por enseñarnos lo que es ser un buen banquero.

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