Por las minutas de la reuniónédel 9 de agosto, hace al menos 20 años que no se ve tanto disenso en el seno de la Reserva Federal. Sin mucho de que agarrarse para justificar el 0,79% que ganaba el Dow quince minutos antes del cierre, los alcistas se escudaron en que este disenso refleja que en la Fed sobran ideas para estimular la economía y que estas ideas pronto serán puestas en práctica. Lo cierto es que son pocos los que dudan que la Fed no vaya a implementar el esperado QE2 1/2 luego de su próxima reunión, la cuestión es que y si el que servirá de algo. Dejando las dudas de lado, el Dow se anotó entonces la sexta suba de las últimas siete ruedas, acumulando una mejora del 6,86% (durante el rally del 10 al 15 de agosto el Dow subió un 7,11% para perder el 6,79% en las cuatro ruedas siguientes). Sin embargo, fue una rueda mucho menos exultante que las previas. En primer lugar, en la mañana el Promedio llegó a retroceder un 1%, y en segundo, hasta las 15.30 apuntaba a ser la sesión de menor volumen del año (esta vez no tuvimos tormenta), lo que se salvó en los minutos finales cuando el Dow atemperó el resultado del día al 0,18% (cerró en 11.559,95 puntos con 4.041 millones de papeles). No sabemos si todo esto tiene alguna implicancia, pero es poco probable (falta una suba del 5%) que hoy no marquemos cuatro meses consecutivos en baja.
Un aspecto del mercado que hace mucho no comentamos es el de la correlación entre las acciones, que en el caso del S&P 500 (últimos 30 días) está rondando el 80%, lo cual puede servir para entender algunos de los últimos comportamientos que se están viendo entre los inversores. Sin dejar de lado el creciente efecto de la operatoria algorítmica y los ETF (80% y 30% del volumen diario) no olvidemos que esta correlación suele aumentar en momentos de incertidumbre o manías (el récord previo fue el 73% en 2008).
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