28 de septiembre 2010 - 00:00

Con un PJ en ebullición, comienza el ciclo Moyano

Hugo Moyano cerró, con un encuentro en la CGT, el ciclo de actividades por los 80 años de la central obrera.
Hugo Moyano cerró, con un encuentro en la CGT, el ciclo de actividades por los 80 años de la central obrera.
A un mes del 24 de agosto último cuando -repitiendo la fecha en que lo hizo Herminio Iglesias en 1983- juró en lugar de Alberto Balestrini, Hugo Moyano iniciará este atardecer, en términos operativos, su ciclo como jefe por default del PJ bonaerense.

Una sucesión de hechos fortuitos precedió ese ascenso: desde la insistencia del caudillo de La Matanza para que acepte ser su vice hasta la enfermedad que postró al dirigente, con una escala en la clandestina negación de los caciques del conurbano.

Todo se acopló para que el camionero se encuentre, sin haberlo deseado, con la cucarda mayor de la magistral, a pesar de su varias derrotas, maquinaria electoral que es el peronismo de Buenos Aires. Esta tarde, en La Plata, empezará a medir el volumen de su propia jefatura.

El desempeño de Moyano, como mandamás del PJ, dependerá de varios factores que bosquejan las condiciones en que se encuentra, en este tramo de la película, el peronismo de Buenos Aires. A continuación, un detalle de los ítems más complejos que deberá atender: 

  • La coyuntura muestra al peronismo en proceso de ebullición, expresado en la mala relación entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli, detonado por las críticas públicas del ex presidente, que el gobernador no respondió pero que, en privado, objeta con un mensaje puntual: no se cree merecedor de ese trato y, por tanto, espera que sea el patagónico quien haga el gesto de reconciliación. Esa situación puede ser episódica o alimentar un proceso más profundo que muestre a un sector del PJ bonaerense dispuesto a marcar una diferenciación con los Kirchner. Ese conflicto amaga con alterar su tarea en el partido o convertirse en una gran oportunidad: en una confrontación intensa entre Kirchner y Scioli, el camionero se convertirá en un aliado ansiado por los dos.

  • En paralelo a los chispazos entre Kirchner y Scioli -conflicto que le impone un marco crítico que lo excede-, Moyano debe atender un asunto propio: su relación con los intendentes del PJ con quienes tiene, hace años, vínculos tortuosos sobre todo relacionados con las presiones que ejerció desde el gremio de Camioneros por los contratos de la basura -un karma para los municipios- en los que presionaba a las empresas (una de ellas, Covelia, que se le atribuye) que trasladaban la presión a los Gobiernos locales. Aquel pasado de choques desató el temor de los alcaldes. Unos pocos intendentes, entre ellos Hugo Curto -que padeció un largo conflicto en su distrito con la basura-, tienen trato frecuente con Moyano. Por lógica deberá ser el camionero quien les dé fluidez a los contactos con los jefes del PJ de cada distrito. Ese tema puntual trafica el verdadero: en las pulseadas futuras el camionero tendrá una herramienta adicional para inquietar a los intendentes a los que, casi a la totalidad, podrá paralizarle el municipio con una doble presión: la de los gremios municipales, que son sus aliados, y la de los camioneros. 

  • La acumulación de tensiones tienen, a mediano plazo, un punto de detonación: cuando se discutan las listas del año próximo, en las que Moyano querrá sembrar a candidatos sindicales en todos los planos, mientras que los intendentes, el gobernador y el propio Kirchner -como tres actores diferentes, conjuntos o combinados- tratarán de preservar sus dominios. Hasta ahora, primero fue Kirchner y luego Balestrini quien «garantizó» lugares para los gremios en las listas del PJ. Ahora será Moyano, con o sin control sobre los apoderados, quien manejará el dispositivo legal que es el PJ. Hay latente un formato para arrebatarle ese poder: con la conformación de un frente electoral que integre al PJ y otros partidos la preeminencia con la que sueña el camionero podría frustrarse. Así y todo, el camionero confirmó hace dos semanas lo que este diario contó a principios de año: el ala sindical, encabezada por el camionero, considera que llegó el momento de que en la fórmula de la gobernación bonaerense haya un dirigente gremial.

  • El cuarto punto es de naturaleza doméstica. Moyano llega a un PJ donde formalmente no controla nada. Los apoderados son herederos, el tesorero también y hasta el local donde se reúne el peronismo es de propiedad compartida: el partido sesiona en un segundo piso de la sede del PJ de La Plata, que controla Pablo Bruera, justamente el intendente que públicamente ha expresado las críticas más feroces contra el camionero. Parecen asuntos periféricos pero no lo son y Moyano, rápido, se puso en alerta para resolver esas cuestiones: aspira a designar a un apoderado «amigo» -sería Omar Plaini-, nombrar un subtesorero de su confianza y hasta mudar al partido a la sede del PJ nacional en la calle Matheu. Cualquiera de esas acciones puede incrementar el nivel de resistencia y empujarlo a lo que dice temer: que una tarde, quizá sin notarlo, las reuniones del PJ bonaerense se hagan en la sede de Camioneros de Constitución y sólo estén presentes los consejeros gremiales.

    Pablo Ibáñez
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