10 de marzo 2014 - 00:00

Conmoción en el rugby por la muerte de otro jugador

Mateo Uriburu, de 17 años, jugaba en el  San Isidro Club, al igual que uno de sus hermanos mayores. Había viajado a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, por una gira de menores de 18 años.
Mateo Uriburu, de 17 años, jugaba en el San Isidro Club, al igual que uno de sus hermanos mayores. Había viajado a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, por una gira de menores de 18 años.
El rugby está de luto. Ayer, Mateo Uriburu, jugador de las divisiones menores del San Isidro Club (SIC), falleció en un hospital de Sudáfrica, donde estaba internado desde el martes tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. La muerte fue confirmada por el mismo club a través de su página web.

Mateo, de 17 años, había viajado a Ciudad del Cabo en el marco de una gira de menores de 18 organizada por el SIC. En el primer entrenamiento en Sudáfrica, el joven sufrió una descompensación cardíaca, por lo que fue trasladado al hospital, acompañado por el médico de la delegación, donde fue reanimado. A partir de entonces, quedó internado en terapia intensiva. Sin embargo, desde el paro hasta conseguir la reanimación, transcurrió un tiempo que le dejó a Mateo una gravísima secuela cerebral.

El rugbier era el menor de una familia de cinco hermanos que, junto con sus padres, viajaron a Sudáfrica apenas el joven sufrió el paro.

"Su situación depende de un milagro", era la voz que corrió entre sus familiares y amigos en los últimos días. En tanto, en las redes sociales muchos optaron por publicar los partes diarios que llegaban sobre su salud, los cuales indicaban pocos signos de recuperación y la práctica de una traqueotomía.

El viernes a la noche, en la sede central del SIC, se organizó una gran misa en nombre de Mateo. Horas antes, un médico sudafricano envió por mail novedades sobre su evolución incierta y un cuadro neurológico que parecía complicar la situación. Ese mismo día, un sacerdote le dio a Mateo la extremaunción.

Ayer, a las 20.30, el SIC volvió a organizar una misa. Esta vez, para pedir "por su eterno descanso".

Ésta no es la primera muerte que deja perplejo al mundo del rugby. De hecho, en 2008 Álvaro Costa, un jugador de 18 años, que también representaba al SIC, falleció por un paro cardiorrespiratorio. El joven padecía una cardiopatía severa, pero contaba con el certificado de aptitud médica que exige la URBA. Ese mismo año, Juan Cruz Milgliore, de 20 años, y quien representaba al club CUBA, murió en mitad de un partido de primera división. La autopsia reveló que el joven sufrió un proceso de asfixia luego de que varios jugadores se le cayeran encima.

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