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Conserva su atractivo un clásico de Midón
Excelentes actores como Oski Guzmán, y cantantes como Karina K y Omar Calicchio protagonizan la lograda nueva versión de «Locos ReCuerdos» que dirige Lala Mendía.
Los espectáculos de Hugo Midón siempre tuvieron la virtud de emocionar a los grandes y divertir a los chicos. En cada una de sus comedias musicales, el recordado dramaturgo y director (fallecido hace cuatro meses) habló de todo -y para todos- sin tilinguería ni subterfugios; admitiendo los claroscuros de nuestra sociedad y promoviendo a la vez un mensaje solidario y de profundo amor a la vida.
Estrenado en 1995 (con el protagónico de Fabio Posca, Ana María Cores, Divina Gloria y Carlos March) «Locos ReCuerdos» sigue maravillando al público con su banda de clowns (una encantadora raza de adultos-niños) y sus atractivas canciones (letra de Midón y música de Carlos Gianni). Entre las más conocidas: «Me pongo los zapatos»; «Botellas por el mar»; «La historia interminable»; «Locos por la limpieza», «Querido Perrault» y «Piratas».
La nueva versión, dirigida por Lala Mendía, dura una hora y media, aproximadamente, y ha sido refrescada con nuevos arreglos musicales y divertidos pasos de comedia. Se reemplazaron algunos números coreográficos por otros de mayor lucimiento actoral. Uno de los cuadros más efectivos es el de Aladino y la lámpara mágica, donde el personaje recibe a una variopinta delegación de argentinos que vienen a pedirle ayuda. Con sus alardes mágicos y un acento de turco cocoliche, Oski Guzmán arranca carcajadas entre el público. También brinda una actuación desopilante en el rol de príncipe azul engreído, al que le baja el copete una Cenicienta rebelde (Karina K) que se niega a ser princesa. La actriz compone con la misma eficacia a la posesiva madre de Aladino (tan controladora que lleva bordados en su bata centenares de ojos).
A su vez, Omar Calicchio luce su gran voz e histrionismo, en el paródico tango «El cepillo dental» (popularizado por Roberto Catarineu en «Vivitos y Coleando») y también derrocha comicidad, junto a Guzmán, cuando ambos compiten en la Batalla Naval (el clásico juego de mesa) y van cambiando las reglas.
El resto del elenco interviene y acompaña con la misma simpatía y ductilidad.
Es sabido que cuanto más ingeniosa es una obra o una película para niños, más capas de lectura hay que desentrañar. Y en este caso abundan los juegos de palabras y las ironías. Por lo tanto, conviene estar atento a las preguntas de los chicos después de la función.
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