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Controladores apoyan volver a ser militares
Por el conflicto gremial, Aerolíneas Argentinas debió reprogramar vuelos en Ezeiza, lo que generó una seria complicación para los viajeros.
El comodoro Alberto Palermo es el flamante director general de Tránsito Aéreo designado ayer para lidiar en una arena que ya conoce, cubrió ese mismo cargo entre 2008 y 2009.
La ANAC nació el 15 de enero de 2008 por decreto de Cristina de Kirchner con el objetivo de administrar los servicios de navegación aérea, optimizar niveles de seguridad operacional, en el espacio aéreo, aeropuertos y aeródromos del país; reglamentar, fiscalizar, controlar y administrar la actividad aeronáutica civil. Esas funciones estaban hasta entonces en la jurisdicción del Ministerio de Defensa bajo la órbita de la Fuerza Aérea Argentina, en el Comando de Regiones Aéreas (CRA), para la entonces ministra Nilda Garré era una «rémora del pasado».
El traspaso llevó casi tres años tras una compleja transición encabezada por el brigadier mayor Marcelo Ayerdi, actual comandante de Alistamiento y Adiestramiento, iniciada en noviembre de 2007 por otro decreto de Néstor Kirchner.
La tensión con Cirielli, quien buscaba ocupar espacios e influir en la ANAC y en Aerolíneas Argentinas, hizo eclosión el viernes último y duró todo el fin de semana. Comenzó con el trabajo a reglamento de un grupo reducido de controladores de la ACC Ezeiza (acrónimo en inglés, Area Control Center), agremiados en la estructura de Cirielli, quienes mediante el «control de afluencia» -espaciar los aterrizajes y despegues- produjeron serias demoras y cancelaciones en los vuelos de la empresa de bandera nacional. Estos controladores ocupan el puesto de supervisor en la sala de control, ejercen la máxima autoridad y de ellos depende el tráfico aéreo.
El titular de la ANAC, Alejandro Granados, pidió ayuda al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido y al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, para quebrar las presiones de los controladores rebeldes.
El brigadier retirado Horacio Orefice, expresidente del Organismo Regulador del Siste-
ma Nacional de Aeropuertos
(ORSNA), amigo personal de De Vido y exjefe de Granados, fue uno de los «shadow advisers» que empujó hacia la recuperación de las funciones de control aéreo por parte de los aviadores militares.
Brasil tiene una gestión similar a la orgánica que se adoptó ahora ante la emergencia gremial. La Fuerza Aérea brasileña nunca relegó el control del tránsito aerocomercial considerado de valor estratégico, convive con la estructura de administración de la agencia nacional de la aviación civil que depende de la presidencia.
El decreto Nº 1840/2011 publicado ayer en el Boletín Oficial, se firmó el sábado pasado, 12 de noviembre, en Río Gallegos. Afecta a todos los controladores -alrededor de 900- de los cuales unos 500 eran de origen militar pero pidieron la baja y se asimilaron al escalafón civil de la ANAC con sueldos triplicados. Temen que el traspaso «en comisión» por un año a las filas de la fuerza como establece el artículo 8 de la norma, se extienda sin límite. La mayoría está dentro de la Asociación Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (ATEPSA), entidad que acompañó la salida de la órbita militar y nunca comulgó con los procedimientos de Cirielli. El titular del sindicato, Omar Torres, evaluó que la medida de la Presidente «va a descomprimir la situación» aunque criticó que no los hayan «escuchado antes». «El 18 de marzo de este año nos reunimos con Puricelli en el edificio Libertador todos los secretarios de los gremios aeronáuticos. Le comunicamos por nota que Cirielli y su sindicato de mecánicos nada tenía que ver en nuestra actividad de controladores». «Que había un puñado de exmilitares, no más de 12 o 15 en su gremio que querían guerra». «Esto se veía venir», agregó Torres.


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