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Crean un software para evitar malaria
En el invento, un sistema óptico fija a la víctima en vuelo, un software reconoce las hembras por el tipo de aleteo, y un mecanismo extraído de una impresora de escritorio orienta el rayo láser (reciclado a su vez de un equipo de DVD) que intercepta a su víctima en el aire a decenas de metros de distancia. El invento promete ser muy económico y accesible a los habitantes de los países que padecen la plaga. Un video de cientos de mosquitos literalmente hervidos en el aire por un láser con un 100% de puntería, que no se equivoca de insecto, y que podría salvar a millones de personas de esta tremenda enfermedad, motiva algunas reflexiones.
Cuando Perón asume su primera presidencia, las mejores estadísticas indican que en nuestro país había 87.853 casos de malaria que se redujeron a 3.164 para 1949. El secreto del extraordinario éxito, reconocido entonces en el mundo entero, se debió a la experiencia y el heroísmo del Dr. Carlos Alvarado, director de la comisión antimalaria y que por más de 10 años había estudiado la conducta del mosquito en nuestro país; al recientemente inventado DDT; al liderazgo del Dr. Ramón Carrillo, impulsor del plan; y al innegable compromiso de Perón para con la salud pública de la época, que legitimó a ambos y garantizó los fondos. Además, colaboró en la gesta un experto norteamericano, Lewis Hackett, enviado por la Fundación Rockefeller. La malaria en la Argentina fue erradicada con innovación, liderazgo, una red internacional de conocimientos, y voluntad política. El mismo esquema revolucionó entonces nuestra salud pública con los programas de construcción de hospitales, controles sanitarios masivos, formación de enfermeras, y educación poblacional para la salud.
Mientras que nuestra gesta antimalaria nos señala un modus operandi evidentemente exitoso para mejorar la salud de la gente, el láser matamosquitos, desarrollado por un inventor salido de las filas de Microsoft, nos muestra hacia dónde dirigir nuestros próximos pasos. La crisis general de salud pública que vivimos se solucionará con más tecnología e innovación, no con menos. La innovación es un requisito fundamental de cualquier sistema de salud que quiera elevar el nivel de vida a las posibilidades que el siglo XXI ofrece. Pensemos que en los países del primer mundo, la mitad de los niños que hoy juegan en los jardines de infantes festejará el año nuevo de 2100; no será así en nuestra patria.
Pero podría serlo si actualizamos la fórmula anterior a las posibilidades de la nueva tecnología. Para ello, conviene empezar a innovar en modos de detectar precozmente el cáncer de mama y colon, tratamientos para que la gente efectivamente deje de fumar, técnicas para masificar el control de la presión arterial, colesterol y diabetes, y finalmente tenemos que ser innovadores en cuanto a cómo impulsar la práctica deportiva. Ayudaría también algún invento que acerque la última tecnología en neonatología a ciertas regiones postergadas, a un precio accesible y de manera entendible y clara. Obviamente hay otras prioridades, pero que tendrán que ser descubiertas por el sistema de innovación imprescindible para nuestra salud pública. No todo tendrá que ser comprado afuera; en este punto podríamos querer ser también, pioneros, para que no nos ganen los mosquitos, como ocurre hace ya varios años.
(*) Doctor en Medicina. Fundación PENSAR.


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