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Crece en EE.UU. la figura del vice (al revés que aquí)
A diferencia de lo que ocurre hoy en la Argentina, donde el desempeño del vicepresidente Julio Cobos no entra en el terreno del debate, sino que pivotea entre dos opciones cerradas en sí mismas -convivir con el desprecio y tirria que le provoca al matrimonio Kirchner o buscar la puerta de salida-, en Washington el papel del vicepresidente se discute con algo más de elegancia, condimentado con chicanas políticas y ante las cámaras de televisión.
En los últimos 10 días, Dick Cheney dio cuatro entrevistas de «salida», y su sucesor, Biden, le contestó con otras tres. Los programas políticos elegidos por ambos -entre otros, el de Larry King en CNN, el de George Stephanopoulos en ABC, y Fox News Sunday- son los de mayor audiencia en EE.UU. Si bien ambos son avezados zorros de la política washingtoniana (antes de los dos períodos como vice de Bush, Cheney tuvo altos cargos en las presidencias de Richard Nixon, Gerald Ford y Bush padre, mientras que Biden es desde 1973 senador por Delaware y presidió varias veces la Comisión de Relaciones Exteriores), el malo de la película es, sin duda, el vicepresidente que se va.
Villano
Tan malo como las estadísticas, parece: en la última encuesta de CNN uno de cada cinco norteamericanos cree que Cheney es el peor vice de la historia. No es todo: Hillary Clinton lo comparó con Darth Vader, el oscuro villano de «Star Wars». Claro, lo dijo en plena campaña electoral, y no ahora que fue designada secretaria de Estado. El mismo Biden, en medio del fragor preelectoral, lo calificó de «el vicepresidente más peligroso de la historia», y en una de las recientes entrevistas por TV aseveró que «Cheney tiene una visión peligrosamente expansiva del poder ejecutivo». Astuto, callado operador entre bambalinas, fanático y consecuente con sus ideas y con un manejo hábil de los vericuetos de la burocracia, quizás el mejor calificativo que le cabe a Dick Cheney es el de vicepresidente con más poder en EE.UU.
Es que fue él quien hizo historia al imponer un liderazgo fuerte dentro del Ejecutivo, con marcada tendencia unitaria, «de acuerdo con los tiempos de conflicto y guerra al terror», según reseñó en una de las entrevistas. Tan fuerte -algunos lo llamaron «Grip Cheney» (empuñadura Cheney)-, que semanalmente concurría al almuerzo del bloque republicano del Senado (para «bajar línea») e influía en todas las medidas relativas a seguridad nacional y política exterior. Algunas tan controvertidas como los interrogatorios bajo tortura en Guantánamo o las pinchaduras de teléfono en aras de la seguridad nacional. Se comenta en Washington que también tenía montado un «gabinete en las sombras» que auditaba al que presidían con Bush. Una sola decisión emanada del Salón Oval no tuvo en cuenta su consejo: la remoción del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, su amigo.
Distinto es lo que postula Joe Biden: «Esencialmente seré el consejero en jefe del presidente Obama: quiero regresar al antiguo rol del vice, esto es, de hombre de confianza del primer mandatario». Si bien el mismo Cheney ya dijo que con esto Biden degradará el cargo de vice, analistas políticos como Aziz Hug consideran que será imposible -por la cantidad de problemas mundiales- desmantelar el esquema de presidencia imperial impuesto por Bush y Cheney.
Hasta ahora, Biden, en su rol de vice consejero, ha tallado en la elección de cada uno de los miembros del gabinete obamista. Por más que la Constitución norteamericana define que las funciones del vicepresidente son las de presidir el Senado y desempatar cuando la votación lo requiera (bien lo sabe Cobos), el domingo 21 Biden anunció que Obama le había encomendado la coordinación del equipo de política exterior. Dicho de otro modo: su tarea sería no «perder de vista» a Hillary Clinton. Habrá que ver cómo se desempeña y hasta dónde puede llegar la vicepresidencia de Biden. Entre sus primeras tareas está, sin duda, actuar frente al conflicto palestino-israelí que estalló en Gaza este fin de semana y con consecuencias que vienen para largo.


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