Según los observadores, no hay duda de que los republicanos conservarán la mayoría en la Cámara de Representantes, que renueva sus 435 bancas, pero en la Cámara alta, que pondrá en juego 36 de sus 100 escaños, necesitarán sumar seis extras para poder controlar la totalidad del Congreso e influir decisivamente en el último bienio de Obama y en la transición hacia los próximos comicios presidenciales.
Como explicó Donna Hoffman, profesora de Ciencia Política de la Universidad Northern Iowa, el hecho de que los estadounidenses sólo elijan un tercio del Senado cada vez que acuden a las urnas en comicios legislativos hace que el mapa electoral favorezca a un partido u otro dependiendo de las tendencias políticas de cada estado y de quién defienda el escaño.
"En este ciclo, el mapa favorece a los republicanos. De los 36 escaños que están siendo elegidos en este ciclo, 21 de ellos están actualmente en manos de un demócrata. Por lo tanto, los demócratas están defendiendo más escaños que los republicanos", dice Hoffman. "Además -añade la experta-, ésta es una elección de mitad de mandato y el partido del presidente casi siempre pierde escaños en el Congreso".
Cada vez que EE.UU. se acerca a una cita electoral comienza a hablarse de estados "azules", en referencia al color que define a los demócratas, y estados "rojos", identificados con los republicanos, que son los que este año tiñen el mapa político. En ese sentido, agrega Hoffman, hay que destacar los estados con tendencia conservadora que cuentan con un senador demócrata que afronta la reelección, como es el caso este año de Mark Begich (Alaska), Mary Landrieu (Luisiana) y Mark Pryor (Arizona).
"Éstos, además de defender sus escaños en 'estados rojos', también se enfrentan a un entorno no especialmente favorable a los demócratas, con un presidente que es particularmente impopular en sus estados", agrega la profesora, en referencia a los bajos índices de respaldo que registra Obama.
Otros "estados rojos" tienen elecciones reñidas, aunque no hay un titular demócrata, sino uno republicano, como Mitch McConnell en Kentucky -líder de la minoría republicana en el Senado-, y Charles Roberts, en Kansas, pero son casos más excepcionales.
Los estados teñidos de azul en todas las predicciones se reducen a Massachussetts, Rhode Island, Delaware y Hawai, junto a las altas probabilidades demócratas en Nuevo México, Oregon, Minesota, Illinois, Virginia y Nueva Jersey.
Sin embargo, los republicanos tienen "asegurados" Montana, Idaho, Wyoming, Nebraska, Oklahoma, Texas, Alabama, Carolina del Sur, Tennessee y Maine, más las "muy probables" victorias en Misuri, Dakota del Sur y Virginia Occidental.
Este mapa favorable le permitió al Partido Republicano centrar sus recursos en aquellas contiendas más reñidas, como Iowa o Co-lorado.
Las mencionadas mediciones del propio Obama en las encuestas son un inconveniente extra para sus correligionarios, muchos de los cuales se mantuvieron intencionalmente alejados del mandatario en sus campañas.
Una encuesta confirmó ayer su impopularidad. Sólo el 44% de los estadounidenses tiene una opinión positiva del mandatario, dijeron ayer The Washington Post y la cadena televisiva ABC.
El 50% de los encuestados, en cambio, confiesa una "opinión desfavorable", señala el estudio, divulgado en un momento en que la mayoría de los ciudadanos no percibe aún en sus bolsillos la incipiente mejora de la economía.
Con todo, Obama jugó ayer su carta personal en dos actos en territorios "no hostiles": uno en Connecticut, para apoyar el gobernador demócrata Dannel Malloy, y otro en Pensilvania, para respaldar al candidato a gobernador Tom Wolf.
En su única intervención de la campaña junto a un candidato demócrata al Senado, Gary Peters, al que se da como vencedor en la contienda electoral, el presidente instó el sábado en Michigan a los votantes a acudir a las urnas con un "sentido de urgencia" para asegurarse de que sus intereses se defienden en Washington.
| Agencias EFE, AFP, Reuters y DPA, y Ámbito Financiero |

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