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Crece la inmigración desde países limítrofes
Estos son algunos de los aspectos destacados en un estudio presentado ayer por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) sobre el «perfil migratorio» de la Argentina.
En él se señala que si desde 1850 hasta 1914 la Argentina fue un polo de atracción de migración europea que atrajo a 4,2 millones de personas (entre ellas 2 millones de Italia, 1,4 millón de España, 170.000 de Francia y 160.000 de Rusia). Un siglo más tarde es la población nativa la que busca nuevos horizontes, en la mayoría de los casos fuera del continente americano. En la última década, los descendientes de los emigrantes europeos han estado emigrando, especialmente a EE.UU. y Europa, y actualmente 800.000 argentinos viven en el extranjero (el 28,4% en España y el 17,9% en EE.UU.).
Aunque las remesas enviadas por los emigrantes argentinos representan sólo un 0,4% del PBI y ascendieron a u$s 920 millones en 2007, el informe señala que entre 2001 y ese año estas remesas se incrementaron un 900%.
Al mismo tiempo, la inmigración de ultramar ha sido sustituida sobre todo por la de los países limítrofes, emigrantes en busca de trabajo y mejores condiciones de vida procedentes, sobre todo, de Paraguay, Bolivia, y Perú.
Oficios
Según el último censo de 2001, más de 1,5 millón de extranjeros vivía en el país, lo que representa un 4,2% de la población total. El estudio destaca que la mayoría de las mujeres paraguayas y peruanas trabaja en el servicio doméstico, los inmigrantes bolivianos lo hacen en la agricultura, servicios, construcción e industria, y los chilenos y uruguayos especialmente en comercio y servicios.
Los brasileños son los inmigrantes más numerosos entre los que trabajan en puestos más cualificados.
Pero el estudio deja también de manifiesto facetas negativas del perfil migratorio, como ser que el país se ha convertido en los últimos años en país de origen, tránsito y destino para el tráfico de hombres, mujeres y niños para la explotación sexual y laboral.
La mayor parte de este tráfico ocurre dentro del país, con movimientos de las áreas rurales a las urbanas para la explotación sexual. Pero las mujeres y niñas también son víctimas del tráfico hacia países vecinos y Europa Occidental para trabajar en el comercio sexual.
Mujeres y menores, por su parte, especialmente de Brasil y Paraguay, son introducidos al país para ser explotados sexualmente, y hombres de Bolivia y Perú son destinados a trabajos forzados.

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