29 de junio 2011 - 00:00

“Crímenes de película” cierra de forma magistral trilogía de Arnott

“Crímenes de película” cierra de forma magistral trilogía de Arnott
Jake Arnott «Crímenes de película» (Bs.As., Roja & Negra, 2011, 354 págs.) 

Tony, un periodista que se considera «un marica viejo y feo», que no es un asesino serial porque «sólo» ha matado a dos hombres y una mujer, que no mata desde hace casi 10 años pero porque fue prudente en evitar lo que pudiera despertar sus deseos latentes, y sobrevive escribiendo como «negro literario» las memorias de criminales que han salido de la cárcel porque según su editor «el crimen real (verdadero nombre de esta novela) está en auge». Siguiendo la vida del criminal Eddie Doyle, para el libro que está pergeñando, cae en el entierro de un mafioso, y de pronto cree ver a Harry Starks, gangster fascinante, que se considera un buen empresario del delito, un duque del hampa, y no tiene reparos para hacer buenos negocios con la droga, la prostitución o la extorsión, aristocrático lumpen que se señorea en el mundo criminal de Londres, un homosexual dueño de clubes nocturnos donde se reúne la crema del mundo gay londinense, un tipo brutal, refinado, maníaco-depresivo, del que conviene escapar porque cuando está triste es más peligroso.

Harry Starks es el centro de la trilogía que ha convertido desde hace 12 años a Jake Arnott en figura de culto de la literatura negra británica, de la cual «Crímenes de película» es la tercera y última entrega. Quien no ha leído las anteriores, «Delitos a largo plazo» (llevada a la pantalla chica por la BBC), donde Arnott instala con contundencia narrativa a Harry Starks, y «Canciones de sangre», puede empezar por cualquiera de los libros porque todos han sido construidos con un atrapante ingenio, con una dureza, sagacidad, ironía, agudeza, mordacidad que remite tanto a James Ellroy como a Oscar Wilde, tanto a Hammett como a E.M. Forster.

Arnott, que entre otras cosas ha sido actor, asume la voz de sus personajes, hasta lograr un escenario coral. Es el periodista Tony Meehan, es Julie McClusky, actriz que cuando ve «Pulp Fiction» (broma interna del escritor al que se ha dicho que sigue la línea de Tarantino), se ve acosada por el deseo de saber qué fue de ese padre que trató de olvidar, es también Gaz, un pobre dealer. Arnott se divierte cambiando de narradores, atrapando en sus redes al lector, poniéndolo en función adictiva. Considera que más que novela policial inglesa, él utiliza el estilo de la novela negra estadounidense para hacer novela histórica y desenmascarar la época que va de la señora Tatcher a Blair, y mostrar cómo Inglaterra puede ser vista desde el crimen organizado. Arnott abandonó los estudios a los 16 años, fue okupa, fue custodio de una morgue, modelo vivo, actor, hasta establecerse como escritor y ser elegido en 2005 una de las 100 personalidades homosexuales más influyentes de Gran Bretaña.

Resulta enormemente molesto en las novelas de Arnott que se encuentran en nuestras librerías leerlas traducidas a la jerga marginal del español de España, lo que lleva a hacer constantes operaciones mentales para saber qué se está diciendo.

M.S.

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