26 de junio 2012 - 00:00

Cristina espera un acto “fuerte” de Moyano, pero con paro simbólico

Carlos Tomada, Amado Boudou, Cristina de Kirchner, Gerónimo «Momo» Venegas
Carlos Tomada, Amado Boudou, Cristina de Kirchner, Gerónimo «Momo» Venegas
El Gobierno desplegó en las últimas 72 horas todo su arsenal de seducción e intimación: por mandato directo de Cristina de Kirchner, se enfocó en arrebatarle volumen y diversidad al paro nacional y a la movilización que Hugo Moyano convocó para mañana a Plaza de Mayo.

El objetivo es doble: «licuar» la dimensión de la convocatoria frente a Casa Rosada pero, en particular, desdibujar el impacto del paro nacional a partir de garantizar que haya transporte, se dicten clases y abran los bancos, tres ítems sensibles al ánimo social.

La orden presidencial fue puntual: aislar al camionero, tratar de mostrarlo en la plaza únicamente escoltado por otros jerarcas gremiales y sin presencia sólida de sectores del peronismo. Y desafiar la leyenda moyanista de que puede, si se le antoja, parar el país.

La cuestión es simple: en Balcarce 50 se admite que el moyanismo podrá reunir frente a la Casa Rosada a, como mínimo, 70 mil personas. Es, especulan, la capacidad de movilización que concentran Camioneros, UATRE de Gerónimo «Momo» Venegas y sus gremios aliados.

Sin embargo, según confiesan dirigentes K con larga experiencia en el universo sindical, que el Gobierno no debe descartar un escenario más tumultuoso y contemplar la posibilidad de que la concentración esté por encima de las 100 mil personas.

En esos números subyace una lectura: el Gobierno sostiene que en la era K superó movilizaciones cuantitativa y cualitativamente más impactantes que la que se espera para mañana. El razonamiento remite a las marchas de Juan Carlos Blumberg de 2004, ligadas a la inseguridad, y a las actos del campo durante la 125 en 2008.

«En esos casos, se logró poner a un sector importante de la clase media en contra de nosotros» confió un dirigente K que intervino, junto a Néstor Kirchner, en los comité de crisis de aquellos días. «Ahora, aunque se sumen caceroleros, Moyano no logra permear en los sectores medios».

La característica distintiva, en este caso, pasa por un hecho partidario: por primera vez, un sector identificado con el peronismo, que formó parte del núcleo duro del kirchnerismo durante estos años, se anima a desafiar a la Presidente.

Licuar la convocatoria y reducir a Moyano al staff gremial, entre Venegas y Luis Barrionuevo, fue el propósito con el que se movió el scrum político del Gobierno. Carlos Tomada recuperó protagonismo. Julio De Vido, Amado Boudou y Florencio Randazzo también operaron.

Por eso, en Casa Rosada, se hablaba anoche de un paro de bajo impacto: abrirán los bancos, habrá transporte de pasajeros y se dictarán clases. Tres de los sectores más sensibles para el ánimo social se desarrollarán, según lo que sondeó el Gobierno, sin inconvenientes mayores.

Se toparon con un aliado de oro: Moyano. Al deslizar su voluntad de levantar el paro si se abría negociación con la Casa Rosada y al no aceptar que sectores como la CTA de Pablo Miceli nublen su estrellato, espantó a potenciales socios. Lo mismo con la Federación Agraria de Eduardo Buzzi.

Variantes

A horas de la concentración moyanista, el Gobierno se concentró en una serie de variables:

  • El plan oficial no consistió sólo en «diezmar» la movilización y sacarle volumen al paro sino además convertir la protesta por la suba del mínimo no imponible en un episodio político sin impacto sindical, al menos en el sentido de lo que significa un paro nacional. Todos los esfuerzos estuvieron, en estas horas, en garantizar los servicios esenciales. 

  • En paralelo, desde un enfoque más sutil, en el Gobierno también se quiere «medir» la capacidad de fuego de Moyano y sus socios y su destreza para recordarlo como un dirigente político más que como un referente sindical. En criollo: si el camionero logra anudar una alianza diversa, con proyección política, o si se repliega solamente en la trinchera gremial.

  • Más como un recurso de coyuntura, de marketing, que como un concepto, el Gobierno decidió agitar también el planteo de que el paro y la movilización tienen una motivación «destituyente», argumento que también sirvió para forzar reacciones y reproches contra el camionero. La ola le llegó, incluso, a Daniel Scioli que ayer pidió «no confrontar» en lo que puede leerse, en el lenguaje Scioli, como un tibio gesto de alineamiento con la Casa Rosada frente al paro. 

  • En ambos sentidos, tanto respecto de las adhesiones y las críticas, como en lo referido a la postura que tendrá cada gremio durante el paro y respecto de la movilización, el Gobierno activó un monitoreo para «medir» el comportamiento de sectores y sindicatos.

  • El fin de semana, volvió a evaluarse la posibilidad de un anuncio sobre el mínimo no imponible. Cristina de Kirchner desechó la alternativa para que no se interprete esa decisión como una concesión a Moyano. «La decisión la tenía tomada, lo iba a hacer, pero estalló este conflicto y ahora es más difícil» confió, anoche, un operador K. 

  • Hay otro factor de disputa pública: el miércoles, mientras se realice la concentración en Plaza de Mayo, Cristina de Kirchner estará en San Luis en un acto oficial. Es la primera vez en la era K que un presidente visita la provincia: mientras mandaron los Rodríguez Saá, no lo hicieron ni Néstor ni Cristina. Ayer, una comitiva puntana estuvo en Capital programando la actividad.
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