El objetivo es doble: «licuar» la dimensión de la convocatoria frente a Casa Rosada pero, en particular, desdibujar el impacto del paro nacional a partir de garantizar que haya transporte, se dicten clases y abran los bancos, tres ítems sensibles al ánimo social.
La orden presidencial fue puntual: aislar al camionero, tratar de mostrarlo en la plaza únicamente escoltado por otros jerarcas gremiales y sin presencia sólida de sectores del peronismo. Y desafiar la leyenda moyanista de que puede, si se le antoja, parar el país.
La cuestión es simple: en Balcarce 50 se admite que el moyanismo podrá reunir frente a la Casa Rosada a, como mínimo, 70 mil personas. Es, especulan, la capacidad de movilización que concentran Camioneros, UATRE de Gerónimo «Momo» Venegas y sus gremios aliados.
Sin embargo, según confiesan dirigentes K con larga experiencia en el universo sindical, que el Gobierno no debe descartar un escenario más tumultuoso y contemplar la posibilidad de que la concentración esté por encima de las 100 mil personas.
En esos números subyace una lectura: el Gobierno sostiene que en la era K superó movilizaciones cuantitativa y cualitativamente más impactantes que la que se espera para mañana. El razonamiento remite a las marchas de Juan Carlos Blumberg de 2004, ligadas a la inseguridad, y a las actos del campo durante la 125 en 2008.
«En esos casos, se logró poner a un sector importante de la clase media en contra de nosotros» confió un dirigente K que intervino, junto a Néstor Kirchner, en los comité de crisis de aquellos días. «Ahora, aunque se sumen caceroleros, Moyano no logra permear en los sectores medios».
La característica distintiva, en este caso, pasa por un hecho partidario: por primera vez, un sector identificado con el peronismo, que formó parte del núcleo duro del kirchnerismo durante estos años, se anima a desafiar a la Presidente.
Licuar la convocatoria y reducir a Moyano al staff gremial, entre Venegas y Luis Barrionuevo, fue el propósito con el que se movió el scrum político del Gobierno. Carlos Tomada recuperó protagonismo. Julio De Vido, Amado Boudou y Florencio Randazzo también operaron.
Por eso, en Casa Rosada, se hablaba anoche de un paro de bajo impacto: abrirán los bancos, habrá transporte de pasajeros y se dictarán clases. Tres de los sectores más sensibles para el ánimo social se desarrollarán, según lo que sondeó el Gobierno, sin inconvenientes mayores.
Se toparon con un aliado de oro: Moyano. Al deslizar su voluntad de levantar el paro si se abría negociación con la Casa Rosada y al no aceptar que sectores como la CTA de Pablo Miceli nublen su estrellato, espantó a potenciales socios. Lo mismo con la Federación Agraria de Eduardo Buzzi.
Variantes
A horas de la concentración moyanista, el Gobierno se concentró en una serie de variables:


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