27 de marzo 2009 - 00:00

Cristina, más adolescente y rebelde con el vestidor

Esta semana Cristina de Kirchner rompió con el estilo sobrio que tuvo en los últimos días, con un look que raya lo adolescente. Como la falda aniñada que vistió el lunes o los colores llamativos que usó el miércoles y el jueves.
Esta semana Cristina de Kirchner rompió con el estilo sobrio que tuvo en los últimos días, con un look que raya lo adolescente. Como la falda aniñada que vistió el lunes o los colores llamativos que usó el miércoles y el jueves.
Parece un imposible imponerle disciplina y estilo a Cristina de Kirchner, ya no en los discursos o la manera de confrontar lo que le critican sus opositores, sino en algo tan básico como el vestidor, para que la ropa la acompañe en la postura. Se apegó, con acierto, a prendas menos esplendorosas y no por eso demodé, esas de vuelta del los 60, pero no pudo y terminó sorprendiendo con una pollera más apropiada para adolescentes que buscan lo extraño y terminan uniformados y como si no pudiera evitar la tentación alternó con tonos estridentes.
Esa falda semiplisada que usó el lunes pasado, para ir a un acto en Santiago del Estero, unos centímetros por debajo del largo ideal, y detalles de flores, sacudió la sobriedad que venía ensayando agradablemente. Demasiado larga, demasiado amplia y fruncida para unas piernas que no se destacan por sus curvas y una cadera más propicia para otro tipo de entallados, pero en definitiva una adaptación fina y lujosa de los modelitos que nunca perdieron vigencia en la zona porteña que una vez popularmente se bautizó como «Villa Freud». El ruedo negro, con pliegues en abundancia y un cinto que ajustó la camisita entallada, también negra, completaron el conjunto, delicado, por cierto, y muy juvenil, más apto para sandalias bajas que para los zapatos de taco aguja sin talón, negros con puntera beige (al tono de la cartera, por supuesto), que le mortificaron el caminar.
Son gustos. Algunos especialistas consideran que le favorece, por sus caderas amplias, marcar el talle avispa, porque la falda acampanada ayuda a disimular el abdomen, claro que no dan una tabla de medidas para saber hasta cuántos centímetros admite un modelo de ese diseño. Eso sí, no debería desprenderse del collar de perlas, que le aporta más elegancia que un medallón desproporcionado. Por cierto, es el mismo look y los mismos tonos que impuso la firma italiana Bottega Veneta en el verano europeo y que adoptaron celebridades internacionales como la actriz Drew Barrymore.
Una pena ese recreo, porque desde hace quince días la dama se venía adaptando a un estilo sobrio y también esta semana apareció con una camisita escocesa, más adecuada para una jovencita que para una presidente.
Debería adaptarse, sin salirse de la moda (una preocupación que parece no superará) a los modelitos que vuelven, ésos que conformaron el look de Jackie Kennedy en los 60. Allí encuentra las perlas, el corte clásico, tailleur y faldas largo Channel en texturas opacas, todos ellos elementos que caracterizaron a la ex primera dama estadounidenses, y que están en el guardarropas de la mandataria argentina, pero se empeña en desordenarlo.
Distracción
Su gusto por la indumentaria de alta costura y las joyas ostentosas la distraen cuando trata de esquivar esa tendencia, al punto de llevarla al otro extremo.
Otoñal, hasta hace dos semanas se llenó de grises, marrones y azules, pero, como un cambio forzado, y no resistió volver a los colores llamativos y accesorios glamorosos, aún con más moderación que al estrenar el cargo.
Teniendo en cuenta que cada vez que viaja al exterior la Presidente despliega casi un show de moda, con exclusividades que incluyen algo relacionado con el lugar al que arriba, no sorprendió en Brasil con una paleta festiva en las telas.
Llegó a esas tierras, el viernes pasado, con un tailleur rojo carmesí -o rojo Valentino, como se lo conoce en el mundo de las pasarelas en honor al diseñador que lo puso de moda-, pero a diferencia de otras ocasiones en las que eligió el color rabioso, el traje era de hilo, opaco, y la ayudó a no desentonar por exceso de brillos. Además, no acompañó con alhajas de oro macizo (salvo el infaltable Rolex), sino que completó con perlas en el escote, un outfit acorde para una mandataria.
Ya de regreso, Cristina de Kirchner siguió seducida por tonos shocking, como la chaqueta naranja fluorescente que usó el miércoles en un acto en San Fernando que combinó con un pantalón gris, o el vestido recto celeste que usó ayer para la inauguración de un buque escuela, todas prendas que no guardan estilo en su vestidor.

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