8 de diciembre 2010 - 12:16

Cristina, en Olivos, junta al PJ para asumir "pleno poder"

Mandó a armar una cumbre. Jefatura y vice

Cristina de Kirchner, Daniel Scioli, Jorge Capitanich, Hugo Moyano
Cristina de Kirchner, Daniel Scioli, Jorge Capitanich, Hugo Moyano
Cristina de Kirchner pretende reunir, en la quinta de Olivos, a la plana mayor del PJ. La cumbre se planea para antes de Navidad -se bajaran, como fechas, 21 ó 22 de diciembre- como una señal de desembarco, informal pero efectivo, en el manejo partidario.

El Gobierno, a través de sus principales operadores, inició un sondeo entre gobernadores, caciques sindicales y jefes territoriales para lograr una asistencia perfecta. Será, si se mantiene en pie, la primera cita del PJ nacional tras la muerte de Néstor Kirchner.

El Consejo, que presidía el patagónico, se reunió por última vez el 20 de agosto en Corrientes y tenía programado un encuentro para el 4 de noviembre en Río Negro. Pero el fallecimiento del ex presidente congeló toda la actividad partidaria.

A pesar que algunos gobernadores analizaron, en contactos reservados, la posibilidad de definir una convocatoria, se decidió esperar, por pedido expreso de la presidente, un movimiento de la Casa Rosada. Antes de Navidad el mismo tomará cuerpo.

Así como, anteayer, en La Plata, Daniel Scioli reunió a todo el PJ bonaerense, relegando desde su tarima de gobernador al jefe formal, Hugo Moyano, Cristina de Kirchner programa un esquema similar donde el mando partidario quede, en la práctica, bajo su dominio.

Sin Kirchner, administrativamente al PJ lo regentea Scioli, secundado por un pelotón de vicepresidentes entre los que figuran Moyano, la tucumana Beatriz Rojkes de Alperovich y los gobernadores del Chaco, Jorge Capitanich, y de Entre Ríos, Sergio Uribarri.

El mensaje es preciso: la presidente, mientras cincela la posibilidad de una reelección, tiene decidido tomar la suma de los poderes para concentrar en su figura lo que antes compartía, en sumatoria, con su marido: ella la presidencia; él la jefatura del PJ.

Florencio Randazzo, Aníbal Fernández y el operador Juan Carlos Mazzón están a cargo de testear la predisposición y la agenda de los caciques provinciales. La premisa, obvia, es que no falte ninguno.

Es más: se exploran atajos para que referentes que tomaron distancia del Gobierno tengan, en ese encuentro, la excusa para volver a mostrarse como parte del dispositivo K. ¿Será el caso de Mario Das Neves? En Gobierno animan la hipótesis. El chubutense se resiste.

Brotan, y se frustan, teorías sobre Carlos «Lole» Reutemann. Pero, más allá de la necesidad de establecer una diálogo con el santafesino para resolver la interna del PJ de esa provincia, la indicación presidencial es priorizar, en ese territorio, a Agustín Rossi.

Con otros referentes no hubo, siquiera, gestiones. Alberto Fernández, que fue designado secretario general del partido cuando era jefe de Gabinete, fue desplazado de ese cargo y no figura, avisan en Casa Rosada, intentos para volverlo a sentar a la mesa.

Lo mismo ocurre con, entre otros, Juan Carlos Romero, Jorge Busti o Graciela Camaño, que integraron el staff partidario que asumió junto al patagónico, pero se alejaron durante el conflicto del campo. Siguen, ahora, alineados en esquemas enfrentados al kirchnerismo.

De todos modos, el objetivo central de la Casa Rosada es conseguir que los gobernadores del PJ se cuadren ante Cristina de Kirchner, en Olivos, en señal de obediencia. E, incluso, como una admisión, siquiera protocolar, de que ninguno desafiará un potencial plan continuista de la presidente.

Ese parece un misil con nombre y apellido. El único gobernador, sin contar a Das Neves y a Alberto Rodríguez Saá, atrincherados con matices en el crítico Peronismo Federal (PF), que mantiene en pie la hipótesis de competir en 2011 es el salteño Juan Manuel Urtubey.

El intento por forzar una veneración masiva y pública de los caciques provinciales ante Cristina de Kirchner, además de despejar cualquier posible acechanza futura, esconde un objetivo específico: aceptar la jefatura cristinista implica ceder en su figura la elección de su eventual compañero de fórmula.

Con sondeos que proyectan una intención de voto de la presidente varios puntos encima del 40%, el menú sobre el que podría influir la jerarquía partidaria -representada por gobernadores e intendentes- se limita al candidato a vicepresidente. Pero el «pleno poder» que pretende la presidente amenaza con acotar, también, esa discusión. Se trata de kirchnerismo, nestorista, puro: en 2003 Eduardo Duhalde le ofreció como opciones Scioli o Roberto Lavagna; pero en 2007 el patagónico decidió, sin consultar al PJ, proclamar a Julio Cobos. Cristina de Kirchner proyecta, por ahora, la misma mecánica. ¿Tiene forma de evitar el margen de error?.

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