13 de noviembre 2009 - 00:00

Cristina ordenó suspender la marcha ultra-K

Cristina de Kirchner estrenó ayer el sistema para la confección del nuevo DNI y se sometió al trámite para obtenerlo, ante la mirada de Florencio Randazzo.
Cristina de Kirchner estrenó ayer el sistema para la confección del nuevo DNI y se sometió al trámite para obtenerlo, ante la mirada de Florencio Randazzo.
-Hugo: te agradezco pero me parece mejor que la movilización quede para otra oportunidad.

Hugo Moyano tardó unos segundos en reaccionar. El pedido de Cristina de Kirchner lo desacomodó: horas antes, un eufórico Néstor Kirchner, lo había torpedeado a preguntas sobre el armado del acto que, un rato más tarde, la Presidente le pidió desactivar.

Cómodo en su oficio de armador K, el camionero dedicó la mañana a preparar la logística de la marcha del 20 de noviembre y pasado el mediodía recibió, por más de una hora, a un puñado de piqueteros encabezados por Luis D'Elía que se plegaron a la convocatoria.

A media tarde todo se derrumbó. La Presidente le pidió suspender la marcha y Moyano, primero reaccionó con inquietud y luego con molestia. En la CGT, anoche, lo traducían con simpleza: «Era nuestra marcha, de los gremios, no era la marcha del Gobierno».

Es una verdad a medias. En su gestación, la jornada del 20 de noviembre se planeó para defender la estructura sindical. Es decir: para reivindicar el unicato gremial que está bajo fuego por fallos judiciales y las embestidas, focales, de grupos de izquierda.

Pero el día que lo acordó la CGT, Moyano le pidió al Consejo del PJ que la respalde y el miércoles a la mañana, por indicación de Kirchner, Florencio Randazzo y Oscar Parrilli para que difundan el mandato de que todos los sectores K debían sumarse.

Ayer, sin embargo, Cristina dio la contraorden: sepultar la movilización. Compensó, a medias, ese veto con la promesa de concurrir el 15 de diciembre a un acto que prepara el moyanismo en la cancha de Vélez. Y manoteó una excusa pueril: «El sentido de la marcha se puede distorsionar».

Fue el escalón obvio para repetir, luego, sus críticas a los medios, centralizadas sobre Clarín. «Debemos -dijo- ser lo suficientemente inteligentes como para desarmar escenarios, mentiras y cinismo que quieren plantear quienes de a poco se les va cayendo definitivamente la máscara».

Eligió, como tribuna para esa proclama, un acto de la Unión Ferroviaria desde donde, además, expuso una férrea defensa del monopolio sindical. En ese frente, la Presidente -y su marido- camina en la cornisa: la defensa de la CGT lo aleja de un botín preciado, la progresía de la CTA.

De hecho, ése fue uno de los factores que impulsó a Cristina de Kirchner a sepultar la movilización anticomplot. Un vuelco excesivo, como hasta ahora, en Moyano y la central de la calle Azopardo dinamita la expectativa de confluir con sectores ceteístas.

El metalúrgico Juan Belén, número dos de Moyano, extremó ese discurso del unicato y que esa bandera se convierta en central de la movilización, terminaría para espantar a sectores del kirchnerismo que anidan en la CTA o tienen, como por ejemplo D'Elía, historia en ese espacio. El jefe de la FTV, posando junto a Moyano, fue otro de los elementos que evaluó la Presidente para solicitar, sin aceptar un no, que se postergue sin fecha la concentración en Plaza de Mayo para el Día de la Soberanía.

El acercamiento entre Moyano y D'Elía, dos espadones del planeta K, y su presencia compartida en la movilización no hacía otra cosa que potenciar el clima de tensión entre los grupos kirchneristas y los piqueteros anti-K que recuperaron activismo.

En un gesto de autonomía, la Presidente hizo dos movimientos para intentar descomprimir ese frente: tumbó la marcha del 20 y les ordenó a Alicia Kirchner y Carlos Tomada que abran vías de negociación con los piqueteros que reclaman ser incluidos en el plan de cooperativas.

Ráfaga

Al mejor estilo Kirchner, la Presidente orientó -como nunca antes- sus críticas sobre Clarín: «Todos sabemos que (lo que publica ese medio) son mentiras, todos sabemos que a ese diario no le interesan ni las organizaciones sindicales ni el pueblo» apuntó.

Abundó en otro punto al recordar que el gerente de Relaciones Laborales «que echó a la comisión interna de la fábrica Kraft es el mismo gerente que echó a la última comisión gremial interna que tuvo ese diario, que no tiene ningún modelo sindical y que se escuda en la libertad de prensa para esconder lo que es muchas veces la explotación de sus propios trabajadores».

En esa línea, también habló de «trabajo en negro» y «evasión fiscal» por parte del holding Noble-Magnetto al que atribuyó, además, que se enfrenta al Gobierno porque es «el escollo que impide que la Argentina vuelva a ser la de la flexibilización laboral».

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