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Cristina prefirió a santacruceña como abogada del Estado
• Esperable salida del peronista Da Rocha
Joaquín Da Rocha
La procuradora Abbona tiene un pasado insurgente en Córdoba, donde militó en la agrupación maoísta Vanguardia Comunista, que reportaba a su compañero de estudios Carlos Zannini. Perseguidos por la dictadura militar, Abbona y su actual esposo, Mengueche Mengarelli, fueron a dar a Santa Cruz en donde rehicieron su vida. Identificada con Néstor Kirchner desde los años 80, lo acompañó en su gestión municipal en Río Gallegos y también en la gobernación. A la hora de designar a alguien que defienda al Gobierno en los tribunales, Cristina de Kirchner escuchó el consejo de Zannini de desplazarlo a Da Rocha, de quien todos recuerdan ahora que fue representante del Gobierno Duhalde en el jury de enjuiciamiento de fiscales y que patrocinó desde su estudio al Gobierno de Chile con la Argentina en la causa de extradición del ex guerrillero Galvarino Apablaza. Todo esto lo sabía el Gobierno, pero lo toleró hasta ayer en el cargo.
El cambio cierra una crisis entre Da Rocha -un abogado importante de la red de estudios vinculados al peronismo- y el Gobierno que lo designó, que incluyó un ingrediente personal: la ex esposa de Da Rocha, la fiscal Mónica Cuñarro, creció en el último año como asesora en materia penal de Aníbal Fernández. Esa distancia en la relación personal lo apartó a Da Rocha de la amistad con el jefe de Gabinete. Éste había empujado su designación en enero para cubrir el cargo que dejó de manera intempestiva Osvaldo Guglielmino, a quien el matrimonio Kirchner le reprochó errores en la estrategia judicial para enfrentar la crisis que terminó con el despido de Redrado.
Da Rocha, como consecuencia de esa tensión personal, fue víctima de críticas de voceros del Gobierno a través de la prensa amiga que lo señaló como presunto integrante de una banda (política) que auspiciaba la candidatura presidencial de Daniel Scioli. En notas de Página/12, el asesor Horacio Verbistky mostró un prontuario de la conducta de Da Rocha que incluyó el relato de una presunta conspiración trajinada en la fiesta de casamiento de una hija de Da Rocha, adonde concurrieron funcionarios sciolistas (y el propio Scioli, pero a la Iglesia, en donde «cuchicheó» con el procurador).
La relación Scioli-Da Rocha no es nueva ni la ignoraba Cristina de Kirchner cuando lo designó como procurador con la venia de Zannini (valedor hasta entonces de Guglielmino). En la campaña de Scioli para gobernador en 2007, que compartió con ella, que corría para la presidencia, Da Rocha era un personaje habitual. Estuvo en los papeles del gobernador para ser ministro de Justicia o de Seguridad, y se hizo acompañar con él en actos con fuerzas policiales. Se quedó fuera del gabinete cuando apareció Carlos Stornelli por algún reproche que recibió ya entonces por su relación con el grupo Clarín, con el cual el cafierismo (que integra Da Rocha) siempre ha tenido una relación especial.
El ataque final sobre Da Rocha, sin embargo, ocurrió porque es amigo del abogado Gustavo Caraballo -asistente también a esa boda-, quien pocos días antes de esas publicaciones había declarado que no era cierto que las acciones de Papel Prensa hubieran sido vendidas por la familia Graiver bajo presión del Gobierno militar. Como Caraballo es un mito viviente del peronismo -fue secretario de la presidencia de Juan Perón, escribió para José Gelbard el pacto social de 1973 y sufrió cárcel, tortura y exilio-, esa declaración fue un golpe fuerte para el Gobierno, que también intentó descalificar a Caraballo, que fue integrante del kirchnerista grupo Calafate y actuó como defensor del Estado después de 2003 en el juicio contra el grupo Eriday por la pretensión de cobrar mayores costos por la construcción de la represa de Yacyretá.


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