6 de febrero 2014 - 00:20

Cristina recibió a Caló y bajó tensión con sindicatos amigos

• El metalúrgico llegó a amagar con su renuncia a la jefatura de la CGT

Antonio Caló, Hugo Moyano, Hugo Yasky y Gerardo Martínez
Antonio Caló, Hugo Moyano, Hugo Yasky y Gerardo Martínez
Cristina de Kirchner recibió ayer al secretario general de la CGT oficialista, Antonio Caló, luego de haberlo cuestionado severamente en el acto que encabezó el martes por sus dichos sobre la situación actual de los trabajadores. El encuentro estaba previsto desde el fin de semana para hoy, pero se adelantó frente al malestar que causó en todo el arco sindical el reto de la mandataria. Cerca de Caló admitieron, incluso, que el metalúrgico amagó con renunciar a la jefatura de la central obrera tras los señalamientos de Cristina.

Mientras hervían los celulares de los gremialistas de la CGT más afín al Gobierno por las comunicaciones entre sí, Caló recibió ayer una llamada del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, para pedirle de urgencia que fuese a un encuentro a las 19 con la mandataria en la quinta de Olivos. Para entonces, Cristina sabía que desde la CGT opositora, de Hugo Moyano, hasta la CTA de Hugo Yasky, del todo alineada con el Ejecutivo, se habían multiplicado las voces de solidaridad con el jefe metalúrgico.

Caló, cuya conducción en la central obrera mayoritaria fue en numerosas ocasiones cuestionada, incluso por sus pares, se había convertido de repente en una víctima innecesaria de la jefa del Estado, a juicio de buena parte del movimiento obrero. Es que Cristina le reprochó en la cara, en el acto del martes, por haber dicho que había trabajadores que pasaban hambre y también cuestionó a los sindicatos por entender que no habían prestado colaboración con el monitoreo de los acuerdos de precios.

La salida ese día del acto en la Casa de Gobierno encontró a Caló en su peor momento desde que asumió al frente de la CGT mayoritaria, en octubre de 2012. Desde entonces los miembros de la denominada "mesa chica" de conducción debieron multiplicar esfuerzos por contener a dirigentes que reclamaban contestarle a la jefa del Estado. Asumieron esa tarea gremialistas como Omar Viviani (taxistas), Ricardo Pignanelli y Oscar Romero (mecánicos, Smata) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), de los que mantienen mejor vínculo con el Ejecutivo.

Desde el Gobierno tomaron nota del malestar. Una ola de malestar sindical no parecía ser el mejor escenario para la etapa inmediatamente anterior al inicio de la ronda de paritarias, prevista para fines de este mes. Sobre todo, cuando desde el sindicalismo opositor presionan por sumas fijas para compensar la inflación de los últimos meses y mencionan porcentajes de incremento que superan holgadamente el 30 %.

El propósito de la reunión entre Cristina y Caló fue bajar el nivel de tensión antes del encuentro que mantendrán este mediodía los principales referentes de la CGT oficialista en el gremio de los taxistas. Hasta ahora, el único argumento esgrimido por el Gobierno para contener las demandas salariales fue una vaga promesa de que serán exitosos los acuerdos de precios. En tanto que el anuncio de Cristina de Kirchner del martes se limitó a comunicar la próxima suba en las jubilaciones y a anunciar un aumento en el pago de la ayuda escolar anual.

La lista de reclamos de la CGT mayoritaria es mucho más amplia que eso: incluye anticipar la convocatoria del Consejo del Salario; negociar con el sector empresario y el aval del Gobierno el pago de una suma fija previa a la ronda de paritarias; el incremento de las asignaciones familiares, y un aumento de emergencia para los jubilados, entre otros ítems.

Desde la CGT de Caló hubo respaldos al metalúrgico y también un deliberado intento por obviar la crisis con el Gobierno. Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) declaró a radio América: "La preocupación del compañero Caló, como la mía, o como la de cualquier dirigente sindical, es que eso no ocurra", en alusión a la frase de que había asalariados que pasaban hambre. Y de inmediato Martínez se ocupó de destacar las políticas aplicadas por el Gobierno para defender e incrementar puestos de trabajo en los últimos años.

También hubo un respaldo explícito de Yasky, que suele llevar al extremo su postura de moderación. Calificó al metalúrgico de "buen dirigente sindical" y, cuando le consultaron si se sentía más cerca de la postura de su colega o de la expresada por la jefa del Estado, sorprendió: "Por supuesto, de Caló".

Las muestras de solidaridad llegaron hasta Moyano y su actual socio, Luis Barrionuevo, que aprovecharon para castigar al Gobierno. "Lo más patético es la forma en que la Presidenta se dirigió a los empresarios y a los sindicalistas amigos. Justamente con la presencia del secretario de la CGT oficialista. Yo creo que esto desde el punto de vista humano es inaceptable", dijo Moyano.

Barrionuevo fue más allá y sostuvo que "la inmensa mayoría está pensando (que) cuanto más pronto 2015, mejor" y que "si en el kirchnerismo tienen miedo de irse antes, es porque seguro se van a ir antes".

Moyano, de paso, concurrió ayer junto a otros sindicalistas disidentes de su CGT y de la "Azul y Blanca", de Barrionuevo, al denominado Foro de Convergencia Empresarial en el predio de La Rural, en Palermo, un nucleamiento con fuerte presencia de las entidades del campo y de cámaras empresarias que mantienen distancia con el Gobierno.

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