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Cristina-Scioli: letra chica, elegidos y candidatos tapados

En un rapto de rebeldía, lo hará contra la voluntad de la Casa Rosada que, para el esquema federal, diseñó un formato que permite que dos o más listas de gobernadores puedan ir colgadas de una misma boleta presidencial, acoplando sus votos en el plano nacional.
El gobernador, que delegó ese oficio en Alberto Pérez, tira un salvavidas a los intendentes que resisten la proliferación de colectoras. Asimilaron que habrá una lista bis de Martín Sabbatella pero patalean contra la posibilidad de que se expanda ese formato.
No todos se oponen tenazmente. La semana pasada, Julio Pereyra fue anfitrión de una cita con, entre otros, Alberto Descalzo y Baldomero «Cacho» Álvarez, donde sugirió mecanizar una tercera boleta K, de alcance municipal, para «sumar para Cristina». Esa idea contraría el plan sciolista.
Sin embargo, todo el despliegue del gobernador -esta novedad se informó por www.am el viernes- tiene, como todo recurso legal, una refutación: en Balcarce 50 avisan que, en términos jurídicos, «lo nacional manda», por lo cual, llegado el caso, habría colectoras provinciales y municipales.
La tesis, invocada la semana pasada en un despacho nacional, es simple: los partidos que integren el Frente para la Victoria (FpV), atados a la candidatura de Cristina de Kirchner, podrán «derramar» hacia abajo sus propios candidatos. Es decir: el bloqueo de Scioli a las colectoras y listas de adhesión puede, en rigor, ser de efecto limitado. Peor aún: dejarlo sin un artificio para cincelar su pacto con los vecinalistas.
En La Plata avisan, con fundamento, que la letra chica que promulgarán respeta el espíritu de la ley de primarias, que promovió Alberto Balestrini y que, por el ferviente rechazo del vice a ese artilugio, aborta el uso de colectoras, listas espejo y de adhesión. La Presidente tiene, además, en su despacho -remitidos por Carlos Zannini y, antes, por Florencio Randazzo- cuatro decretos que reglan las primarias nacionales. Nada refiere a colectoras o menesteres similares. Regula la publicidad, ordena juntas electorales, fija monto de campañas y estipula uso de colores y forma de boletas. En cambio, con su reglamentación, Scioli ensaya una pirueta autónoma que anticipa una actitud para lo que viene: la redacción de las listas del oficialismo.
En el lejano 2007, Néstor Kirchner premió al gobernador con cuatro bancas provinciales -Martín Ferré, Guido Lorenzino, Roberto Passo y Roberto Ravale-; ¿cuántas butacas les reserva, para este turno, Cristina de Kirchner a referentes explícitamente sciolistas?
Precavido, Scioli minimiza esos espadeos: los considera irrelevantes porque, arguye, la Legislatura bonaerense fue complaciente con su Gobierno incluso cuando el PJ se quedó sin mayorías.
Comprobó, como todo el PJ, que la Presidente incidirá en todos los diseños. A modo de señuelo, referentes que derraman el mensaje cristinista en el conurbano dan una pista: La Cámpora será bendecida, como expresión ultra-K, con cargos en todas las boletas seccionales.
El enigma para descifrar es si esas candidaturas circularán a través de José Ottavis y Eduardo «Wado» De Pedro, las expresiones más visibles de esa tribu en la provincia.
La síntesis, según la hoja de ruta que partió de Olivos, contendrá a Hugo Moyano y, además, a las cooperativas de cada territorio pero, en este caso, anticipan, Cristina de Kirchner repartirá premios y castigos según la performance de cada distrito en la elección de 2009.
Aquella derrota reveló márgenes tortuosos a favor de los intendentes y en detrimento de Kirchner. El pingüino murió sin apagar la sospecha de que ese 28 de junio, muchos caciques mandaron a cortar en su contra o negociaron, bajo cuerda, con Francisco de Narváez.
Ese ranking de hipotéticos «traidores», según el criterio de la cosmogonía K, se pondrá en consideración a la hora de aceptar o tumbar postulaciones que remitan las secciones.
La superlapicera que prepara Cristina pivotea, teorizan en Casa Rosada, sobre varias ecuaciones: es la «gran electora», debe garantizar un ejército de leales para su segundo mandato y pretende, además, acotar a Scioli y al PJ bonaerense más reacio.
Pero el régimen de dedazo K, herencia doméstica de Néstor a Cristina, no regirá sólo en la boleta oficial: Martín Sabbatella será alcanzado por ese mecanismo y su lista de diputados deberá pasar, como las del FpV, por el filtro de Olivos. En Balcarce 50 hay visiones encontradas: hay quienes proponen que Sabbatella no lleve boleta propia de senadores y diputados nacionales mientras otros sugieren que permitírselo, en la medida que las redacte el Gobierno, es más conveniente porque dos listas juntan más que una y, además, porque potencia las chances del diputado de Morón y, en consecuencia, daña a Scioli.
La segunda opción es, en estos días, la más viable. Sabbatella entendió el mensaje de boca del propio Zannini: «Tampoco creas que nosotros queremos que pierda Scioli». Le notificó, además, en su menú de condiciones, que en varios distritos, no podrá llevar candidato a intendente: Quilmes, Lanús y Almirante Brown, entre otros distritos, figuran en ese pelotón.
El diputado de Morón comprobó, quizá tarde, que el límite entre ser emboscador y emboscado es demasiado sutil.
En tanto, la ruleta de candidatos sigue, inagotable, girando en torno a la vice bonaerense. Como una bomba sucia, la semana pasada, tras la aparición de Julián Domínguez en la grilla, sumándose a Randazzo, se invocó la posibilidad de un tapado, proveniente como aquellos del gabinete cristinista: Nilda Garré.
Julio De Vido, mientras visita intendentes llevado de la mano de Hugo Moyano (se vio con Hugo Curto pero frecuenta, también, a Pereyra), desliza otro nombre -aunque él mantiene, todavía, su preferencia por Gabriel Mariotto- cuya autoría atribuye a Alicia Kirchner: Carlos Castagnetto.

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