2 de marzo 2011 - 00:00

Cristina vs. Cobos, mano a mano caliente con guerra de palcos

Tensión. Un gélido apretón de manos fue el pico de amabilidad entre Cristina de Kirchner y Julio Cobos ayer en el Congreso.
Tensión. Un gélido apretón de manos fue el pico de amabilidad entre Cristina de Kirchner y Julio Cobos ayer en el Congreso.
Primera interrupción de la barra de Julio Cobos al discurso presidencial, y réplica de Cristina de Kirchner para su vicepresidente: «Un poquito más de educación para su gente. Un poco más educadita». Segunda interrupción desde el segundo piso de los palcos. «Y después dicen que somos nosotros los que no respetamos las instituciones. ¡Dios mío! Mirá si lo hiciéramos... en fin...». La Presidente no pudo contener la bronca y reprendió a su compañero de fórmula en pleno recinto ante la Asamblea Legislativa, con el antecedente del sistema de escáner láser que estrenó el radical mendocino para evitar falsificaciones en las invitaciones y filtrar así el ingreso masivo de simpatizantes de la CGT de Hugo Moyano y la ultrakirchnerista La Cámpora para evitar banderazos, panfletos y una campaña de desprestigio a días de lanzar su candidatura presidencial.

El ninguneo que Cristina de Kirchner le propinó a Cobos empezó apenas ingresó al Congreso. «Buenos días, señor vicepresidente», fue la única frase que le dirigió a su compañero de fórmula. Era la primera vez que se veían desde el fallecimiento de Néstor Kirchner, pero no hubo margen siquiera para el pésame. Luego, durante el recorrido por los salones del Palacio Legislativo, se dejó guiar por los peronistas Eduardo Fellner y José Pampuro, sin dirigir mirada ni palabra a Cobos. En esa tarea colaboró el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien le ordenó a Fellner marginar a Cobos de la apertura de la Asamblea Legislativa. «Pongámonos de acuerdo, el secretario parlamentario le va a dar la palabra a la Presidenta», propuso Parrilli por fuera del protocolo. Fellner le recordó que ésa era una función asignada al titular del Senado, o sea, Cobos. Pero el funcionario del Poder Ejecutivo insistió con dejar afuera al vicepresidente, moción que finalmente no prosperó en el recinto.

Ya con Cristina de Kirchner pronunciando su discurso ante el pleno de los diputados y senadores, las barras kirchneristas y cobistas no se dieron respiro. Fue la primera vez que un dirigente opositor llevó simpatizantes propios a una apertura de sesiones ordinarias. «Chavista», le gritaron los radicales a la Presidente. Al «¡Callate gorila!» de los palcos oficialistas, un puñado de mujeres radicales identificadas con el MODESO de Leopoldo Moreau respondían con «¡Se siente, se siente, Cobos presidente!». La Presidente, que le dio la espalda al exgobernador mendocino durante la mayor parte del discurso, debió girar sobre sí misma más de una vez para clavarle la mirada a Cobos cada vez que la banda radical gritaba desde los palcos. El diputado y abogado de la CGT, Héctor Recalde, se mofaba del descontrol que reinaba en el recinto: «Cobos no puede manejar a una barra y quiere manejar el país...».

Finalizada la ceremonia, Cobos lamentó la falta de una convocatoria a todos los partidos políticos para elaborar un plan contra la inseguridad, que definió como «el principal problema de la Argentina». En cuanto a los cruces de cánticos, los definió como un tema menor. «Pedí silencio todo el tiempo. Si hubo manifestaciones, todas fueron a favor de mi persona, pero no hubo agravios como los que salieron de los palcos con simpatizantes oficialistas», advirtió el vice.

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