25 de noviembre 2009 - 00:00

Cristina y Bachelet al Vaticano con rispideces

El 29 de noviembre de 1984 se firmó en el Vaticano el Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile. El texto determinaba «la solución completa y definitiva de las cuestiones a que él se refiere», la fijación del límite entre ambos países desde el Canal Beagle hasta el Cabo de Hornos. El acto de conmemoración en la Santa Sede a 25 años de la firma del Tratado que dio solución definitiva a todos los problemas limítrofes al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, reunirá a Cristina de Kirchner junto a Michelle Bachelet con Benedicto XVI, justo en medio de tensiones limítrofes y espionaje que arrastra Chile con Perú y Bolivia. Dos días después de recibir a las dos jefas de Estado, el 30, el Papa se reunirá con el presidente de Perú, Alan García, quien espera abordar con Benedicto XVI la iniciativa peruana de un pacto de no agresión militar en Sudamérica (referencia directa a la actitud armamentista que según Perú sostiene Chile) y comentar el caso del espionaje chileno a las Fuerzas Armadas de su país.

El antecedente inmediato del viaje a la Santa Sede es la firma del Tratado de Maipú de Integración y Cooperación, iniciativa complementaria al Tratado de Paz y Amistad que firmaron Cristina de Kirchner y Bachelet en la comuna de Maipú a fines de octubre pasado. Ese instrumento tiene el objetivo de ordenar los múltiples mecanismos e instancias que configuran el actual entramado de la relación bilateral y proporcionar herramientas para desarrollar obras de integración a futuro como los proyectos Túnel Internacional Paso de Agua Negra y Túnel de Baja Altura-Ferrocarril Trasandino Central.

Raúl Alfonsín, fallecido, quien apeló a la consulta popular para apoyar la firma del Tratado, con un justicialismo que impulsaba la abstención, no estará presente en la conmemoración de los 25 años. El testigo de su obra conciliadora será su hijo, Ricardo Alfonsín. El diputado electo integra la comitiva que acompañará a la presidente Cristina de Kirchner. Interesante oportunidad política le brinda el kirchnerismo, cuando Alfonsín hijo disputa la presidencia del próximo bloque radical con los seguidores del vicepresidente Julio Cobos.

Chile necesita el acto en la Santa Sede más que la Argentina; el país trasandino aún mantiene disputas limítrofes con sus vecinos Perú y Bolivia, con el primero por diferencias en delimitaciones marítimas, mientras que el segundo reclama la salida al mar, interrumpida tras la guerra del Pacífico, también conocida como guerra del Salitre, que enfrentó a chilenos contra peruanos y bolivianos. La historia y la coincidencia con hechos recientes suelen despertar inevitables sospechas que se creían olvidadas: en la declaración del espía peruano Víctor Ariza que vendió información a la Fuerza Aérea chilena, éste asegura que su actividad comenzó en 2004, en ese entonces la presidenta trasandina era ministra de Defensa. El teniente coronel Víctor Hugo Poza, el mayor Rodrigo Acuña y el suboficial Luis Robles Ricus, todos del Ejército chileno, además del cabo primero de la FACh, Luis Espinoza, fueron inculpados y sancionados por espionaje al consulado argentino en Punta Arenas. El caso sucedió el 9 de noviembre de 2003, cuando Michelle Bachelet ocupaba el Ministerio de Defensa.

La secretaría de la Presidencia está ocupada en la puesta a punto del T-01, la nave que llevará hasta Roma el pasaje oficial, entre ellos «al primer caballero», Néstor Kirchner. Se sabe que hay recelos -infundados- acerca de la capacidad y seguridad de esa aeronave para cruces atlánticos; el ex presidente la esquivaba en sus periplos al exterior porque tiene dos turbinas y se sentía más seguro con aparatos cuatrirreactores.

Los invitados se completan con el canciller, Jorge Taiana; el secretario de Culto, Guillermo Olivieri; la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevalier, entre otros. Se quedó fuera del pasaje oficial el embajador argentino en Chile, Ginés González García, aunque su par trasandino en Buenos Aires sí concurre al festejo conjunto en Roma. Las cancillerías coordinaron que las presidentes ingresen a la sede del Vaticano en el mismo automóvil, gesto demostrativo de la unidad e integración alcanzada por los países. Intervino en el trazado de la ruta del vehículo bipresidencial el embajador ante el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, un respiro para otras tareas menos simpáticas: tener que atender reclamos de bonistas italianos que confunden su embajada con la que el país mantiene vacante en Roma. El sábado a las 11 de la mañana, Benedicto XVI recibe a ambas y le harán entrega de una medalla de recordación; luego el Papa leerá un mensaje en español y a posteriori recibirá en audiencia privada a cada una. Con el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, visitarán la Basílica de San Pedro para depositar una ofrenda floral en homenaje a Juan Pablo II. Más tarde se trasladarán a la Casina Pío IV -el mismo lugar donde en 1984 la Argentina y Chile firmaron el Tratado de Paz y Amistad-, y descubrirán una placa conmemorativa de los 25 años del mismo.

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