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CTA: cruces y veedores bajo la sombra del ubicuo Moyano
• Yasky y Micheli, tensión en tramo final.
• Fiscales y logística
Pablo Micheli, Hugo Yasky, Hugo Moyano
«Moyano, como todo el Gobierno y los barones del conurbano, les están ayudando en la elección», retrucó, desde otro rincón, Pablo Micheli.
Hugo Moyano, jefe de la CGT, y principal soporte callejero del Gobierno K, irrumpió como un actor inevitable en la elección de la CTA. A quince días de la elección, la presencia del ubicuo camionero aparece en el debate y suma tensión a la disputa.
Cada sector invoca su argumento. El lado de Yasky, candidato de la Lista 10, carga con el peso de una cercanía con el Gobierno y, además, una secuencia de apariciones junto al ahora jefe del PJ bonaerense, repetidamente recordadas por sus rivales.
Pero Yasky construyó una explicación: sostiene que a Moyano le conviene el triunfo del grupo de Micheli, de la línea histórica de Víctor De Gennaro, porque de ese modo -pronostica frente a sus íntimos- la CTA se convertiría en un instrumento político partidario y perdería fuerza como central sindical.
«A Moyano le conviene una CTA dividida y politizada, no una CTA activa y fuerte», repite el actual secretario general y advierte que en el último tiempo, el camionero asumió tácticas ceteístas al enfocarse, por ejemplo, a los trabajadores informales a través del Movimiento Evita.
Micheli, de ATE, se planta desde otra trinchera y asegura que tanto la CGT kirchnerista como los intendentes del PJ del conurbano y «todo el Gobierno» están detrás de Yasky y «harán lo imposible» para que el docente gane la elección convocada para el próximo 23.
Desde ese campamento van más lejos y afirman que el Gobierno quiere, en el futuro, fusionar a la CTA con la CGT y acusan a Yasky de ser el instrumento para llevar a cabo ese procedimiento que el docente niega de manera terminante. «Dicen eso porque saben que pierden» retruca. Las imputaciones de «intromisiones» ajenas a la CTA, disparadas por Micheli, se cruzan con las críticas del grupo de Yasky respecto a la transparencia del proceso electoral y advierten sobre los riesgos en varias provincias, entre ellas Chaco y Jujuy.
En medio de la disputa, Yasky y Micheli tratan de encontrar un esquema que garantice una elección sin escándalo -sería el peor golpe para la CTA que levanta como bandera la democracia sindical- y ensayan mecanismos para que los conflictos eventuales se resuelvan internamente.
La semana pasada, Yasky y su segundo; Pedro Wasiejko, viajaron a Brasil para conversar con referentes sindicales de ese país para que actúen como veedores de la votación. Antes, el secretario de Relaciones Internacionles, Adolfo «Fito» Aguirre, hizo lo mismo con dirigentes de Paraguay, Uruguay y, entre otros países, Canadá.
De fondo queda una cuestión latente: el sector de Micheli plantea que en caso de conflictos no intervenga el Ministerio de Trabajo que conduce Carlos Tomada. «Si cualquier resolución queda en manos de Tomada, el resultado va a ser a favor de Yasky», acusan.
Como instancia previa se trabaja en la confección de un Comité de Notables, cuya integración es motivo de negociación, para que oficie de «tribunal» interno para resolver los posibles conflictos.


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