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CTA: día de caos sepultó romance con los Kirchner
Con cortes en los accesos porteños y en las principales avenidas, la CTA alteró el tránsito en una especie de show de despedida de su simpatía por los Kirchner.
La movilización -300 focos en todo el país, más de 40 mil personas según la central- cercó la Capital durante medio día. Hay que remontarse al interinato de Eduardo Duhalde para encontrar antecedentes de un sitio, por parte de piqueteros, de ese volumen.
Fue un operativo planificado que incluyó, en simultáneo, cortes en las autopistas 9 de Julio sur, La Plata-Buenos Aires y Riccheri, además de en las avenidas San Juan, 9 de Julio, Alem, Belgrano, Callao y Corrientes.
No se compara, claro, con los paros chacareros. Pero éstos nunca obstruyeron, como logró hacer ayer la CTA, el tránsito porteño. La traducción política impacta más profundo: supone un desafío a la Casa Rosada a días de una elección clave para los Kirchner.
En rigor, la cúpula ceteísta tendrá su apuesta política el 28 de junio: participa -incluso pone a la segunda candidata- del armado que comanda Martín Sabbatella, formato «progre» que reniega del vuelco de los Kirchner hacia lo que llaman «pejotismo».
Es, además, sólo el principio. Envalentonados por la movida, el 6 de mayo se reunirá la Mesa Nacional ceteísta para convocar a un paro nacional. No hay -no aparece en el horizonte- ninguna posibilidad de que el Gobierno pueda frenar esa protesta.
Simple: cualquier beneficio a la central que capitanea Hugo Yasky desataría la furia de la CGT. En la previa electoral, admiten en CTA, Kirchner no tiene margen -quizá tampoco interés ni voluntad- de dar un paso que perturbe su vínculo con el sindicalismo peronista.
Es más: hace meses que la CTA sólo mantiene un teléfono abierto con Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, apenas una ventanilla formal. A su vez, Edgardo Depetri, el ultra-K de la central, se licuó de tanto prometer un gesto de Kirchner que jamás llegó.
Algo más. Al cerrar toda vía de diálogo político con Yasky -un filokirchnerista que se esforzó por evitar que la CTA adopte definitivamente una postura anti-K-, Kirchner dejó al docente sin posibilidades de maniobrar. Su último aporte fue evitar que las marchas de ayer tengan formato de paro.
Casi una súplica, Yasky tiró una botella al mar con un pedido a los Kirchner. «Si no hay respuesta, vamos al paro nacional». Su segundo, Pablo Miceli, espada del lulista Víctor De Gennaro, fue más explosivo: «Kirchner quiere un discurso único, un parti-do único y un sindicalismo único».
Para la foto, el maestro se permitió otra cortesía: consiguió que el palco de los discursos se levante frente al despacho de Mauricio Macri. La próxima escala, que el ala pro K de la CTA considera inevitable, se focalizará con mayor claridad en la Casa Rosada.
Ayer, más que el reclamo de la Personería Gremial -que por vía judicial saldrá algún día, quizá no del todo lejano-, la CTA expresó su bronca porque el Gobierno los dejó fuera del radar. En una crisis, con amenaza de despidos, la central fue excluida de todas las mesas.
Por eso ayer denunciaron que hubo 50 mil despidos efectivos e insistieron con pedir que Cristina de Kirchner disponga, por decreto, que se prohíban despidos por 180 días. En paralelo, reclamaron un aumento de 700 pesos y medidas para reactivar el mercado interno.

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