22 de agosto 2014 - 00:00

Cultivos de cobertura para mejorar respuesta del suelo

El centeno es una de las variadas alternativas útiles para cuidar los suelos y mejorar el rendimiento de los cultivos de mayor importancia comercial.
El centeno es una de las variadas alternativas útiles para cuidar los suelos y mejorar el rendimiento de los cultivos de mayor importancia comercial.
Los sistemas agrícolas actuales involucran prácticas tendientes a mantener y aumentar la productividad de los cultivos. Se trata en buena medida de incrementar la cantidad de rastrojos de cultivos en superficie mediante labranzas conservacionistas y un manejo eficiente de los nutrientes y del agua. El impacto que produce un cambio de uso de suelo es de magnitud variable según el clima y el tipo de suelo.

La evaluación de las características del suelo a los efectos de su manejo permite conocer los cambios que se producirán en éste, ya sea por su degradación o su recuperación. Pero la magnitud de estos cambios medidos con indicadores físicos, químicos o biológicos depende del régimen hídrico de los suelos, de los efectos del sistema de labranza y de la secuencia de cultivos. Éstos fueron algunos de los aspectos que abordaron días atrás Alberto Quiroga y Cristian Álvarez en el XXII Congreso de Aapresid.

La actividad agrícola en la región pampeana y extrapampeana, orientada fundamentalmente a la producción de soja, maíz, trigo y girasol, experimentó profundas transformaciones a partir de la década del 90, por su expansión en superficie en detrimento de la superficie praderizada y a través de un aumento de su productividad debido a un mayor uso de tecnologías disponibles.

La superficie sembrada de los cuatro principales cultivos pasó de 13,5 millones de hectáreas en la campaña 80/81 a más de 33 millones de hectáreas en la campaña 2013/14. El sistema de producción difundido en la zona es la agricultura continua.

El incremento de productividad de la tierra es clave como herramienta para responder a una demanda creciente de alimentos y mejorar la ecuación económica del productor agrícola. La implementación de más de un cultivo por año fue uno de los cambios de mayor impacto sobre la rentabilidad de la empresa agropecuaria de la región pampeana porque permite un uso más eficiente de los recursos naturales, con el consiguiente efecto en la productividad del suelo.

Limitantes

El cultivo de soja tiene un limitado aporte de rastrojos y, junto con la baja relación carbono (C) y nitrógeno (N), el aumento de su presencia en las secuencias de cultivos agrícolas afectaría la conservación de los contenidos de materia orgánica (MO) y el mantenimiento de adecuados niveles de cobertura, con lo cual en el largo plazo podría producirse un empobrecimiento de los suelos.

Para revertir esto, Quiroga propuso como alternativa incrementar el aporte de residuos con la incorporación de cultivos de cobertura como las gramíneas, en sistemas de agricultura continua con alta participación de soja. Con la práctica de este tipo de cultivos, se puede generar una biomasa, pero depende en gran medida de la especie y del cultivar utilizado, y una de las recomendaciones que dio es el "uso de las gramíneas que fue claramente superior al de las leguminosas".

"La fertilización nitrogenada produjo en gramíneas aumentos en la biomasa de modo que influyó sobre los componentes que los definen: uso consuntivo, eficiencia en el uso del agua y tasa de crecimiento. La fertilización fosforada en las leguminosas no provocó diferencias significativas en la biomasa producida, ni en sus componentes", se indicó en el trabajo presentado en el Congreso.

El aporte de carbono por parte de los residuos de cultivos es el principal factor que afecto a la MO, y las características del suelo demostraron que los contenidos de éstos fueron mayores.

Nitrógeno y azufre

La captura de zinc durante un período de barbecho que tiene lugar entre cultivos de verano (marzo-octubre) es otro de los objetivos perseguidos, de modo que se logró minimizar el lavado de los suelos durante el otoño, en particular los denominados arenoso franco y franco arenoso de las zonas conocidas como "planicie medanosa", pero se comprobaron pérdidas de nutrientes, por la acción del agua, en un suelo moderadamente drenado.

Al aplicar una rotación maíz-soja, esas pérdidas se redujeron en un 13%, cuando se implantó un cultivo de centeno durante el barbecho (período sin cultivar un lote). También se comprobó que hubo entre un 23% y un 82% menos de zinc bajo un cultivo de cobertura (CC) que en un barbecho desnudo.

Este efecto puede ser muy importante si se considera que al aumentar la proporción de residuos con menor relación C/N (soja) puede resultar menor la inmovilización por parte de microorganismos.

En definitiva, en zonas húmedas el N que es retenido en la MO al finalizar el cultivo, o el que es retenido por la biomasa de un CC representa una forma de inmovilizar nitratos y de evitar su lavado. Pero éste es un efecto de corto plazo, porque el N retenido se mineraliza y así puede perderse por la separación de los sólidos. Esto ocurre si no existe una sincronización entre la liberación del N mineralizado y la absorción de éste por vegetación, además de existir precipitaciones que facilitan su desplazamiento.

En las zonas semiáridas, la liberación de nutrientes por parte del CC al cultivo sucesor podría reducir los requerimientos de fertilización nitrogenada y fosforada. Este fenómeno refleja la dificultad de sincronizar la oferta de N por la mineralización de los residuos del cultivo de cobertura con las necesidades del cultivo sucesor.

Malezas

Los CC pueden reducir la densidad y biomasa de malezas en sistemas de siembra directa. La habilidad de los cultivos de cobertura para suprimir el crecimiento de las malezas está relacionada con la cantidad de biomasa que producen con la liberación de sustancias inhibitorias.

Existen numerosos mecanismos responsables del efecto de los CC sobre las poblaciones de malezas, entre los que se destacan la reducción en la intersección de luz (efecto de sombreo), consumo de agua, competencia por nutrientes, cambios en la temperatura del suelo o impedimentos físicos a la emergencia de las plántulas.

Experiencias realizadas en la EEA INTA General Villegas y en la EEA INTA Anguil muestran que los CC pueden realizar un significativo aporte al balance de cultivos en sistemas agrícolas continuos. No obstante, se comprobaron diferencias en la eficiencia de captación de carbono y de nitrógeno entre distintas especies y cultivares utilizados como CC, y en la influencia que éstos poseen en diferentes condiciones de suelo.

En Manfredi se observó un efecto positivo de la rotación soja/maíz/ CC sobre la soja/soja ambas en siembra directa. Sobre la estabilidad de agregados en los primeros 5 centímetros de suelo y en la infiltración.

La mineralización del fósforo (P) de los residuos siguió patrones similares a los de la descomposición. Sin embargo, las tasas de mineralización tuvieron un ordenamiento diferente del de las tasas de descomposición, sugiriendo que los procesos de descomposición y mineralización de P son diferentes, aunque están estrechamente asociados. Los CC liberaron el 64% del P que absorbieron durante su crecimiento en el período diciembre-marzo.