Un legislador de Estados Unidos, quizás ya harto de estar hablando de malarias, abrió como una especie de concurso: proponiendo destronar a Carlo Ponzi, inmortalizado por sus estafas que quedaron grabadas de ejemplo, como: esquema Ponzi. Y en opinión de este parlamentario, tendría que ser reemplazado en la cumbre por un «esquema Madoff», seguramente tomándose de las sumas incursas en ambos casos.
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De todas partes se podrían postular candidatos. Nosotros tenemos uno, para animarnos a competirles a aquellos dos y con un esquema que los supera. Sería el «esquema Moreno».
Y el desafío puede plantearse. Porque tanto Ponzi como Maddof debieron realizar todo un entramado a lo largo del tiempo. Tener una estructura bien montada para conservar la fachada del negocio y seguir atrayendo fieles, una cantidad de empleados, todo aquello que puede verse como una «sociedad financiera» bien plantada.
En el esquema nacional, nada de ello fue necesario para birlar de los bolsillos nada menos que 13.000 millones de dólares, con el simple trámite de falsear la inflación a los bonistas, que debían percibir sus rentas. Como sacar conejos de la galera, hecho de modo tan sistemático que todas las críticas se fueron suavizando hasta llegar casi al punto de la aceptación de un INDEC que fuera prolijamente invadido, para dar los resultados que oficialmente se desearan.
Nuestro candidato tendría que superar claramente a los otros dos, que tuvieron que hacer ciertos esfuerzos, aplicar ingeniosos ardides, montar un decorado creíble por un largo tiempo. En cambio, aquí, con una simple decisión de rebanar la renta a través de desagiar el patrón utilizado para provocar la indexación, se soplaron esos u$s 13.700 millones de poseedores de bonos.
Si no fuera tan vergonzoso, la verdad es que merecería alguna ceremonia de coronación nuestro singular funcionario. Que ha sentado un precedente, un «esquema» sencillo sobre cómo poder licuar al acreedor y no perecer en el intento. Los otros dos competidores, Ponzi y Madoff, resultan figuras muy distintas -además de las diferentes épocas y artilugios utilizados-, pero si tuviéramos que votar, lo haríamos por el carismático y tan simpático Carlo Ponzi. Que en el fondo era un «vividor», hecho y derecho, con ese halo romántico que poseen los pillos de pura cepa. Poseedor de una historia de película como para relatarla completa un día de estos en espacio más amplio.
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