5 de junio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Es curioso cuando una serie de conceptos triviales, que se caen de obvios, que están a la vista de todos muchas veces, cobran una enorme relevancia si están en boca de personajes de renombre. En la reciente visita de Bill Clinton, corrió una respiración de alivio entre los asistentes, porque aseguró que: «Lo peor de la crisis ya pasó». Que debe resultar una de las aseveraciones más trilladas de estos últimos tiempos. Y que, además, ¿qué otra cosa podía decir un hombre, que tiene a su mujer como principal ladera de Obama? Eso sólo ya invalida el tenor del comentario. Y, de paso, informó a la audiencia que no hablaría ni de Hillary ni de Obama. En otro de los conceptos que la prensa se encargó de destacar, apuntó a que: «Hoy el mayor peligro es Irán...». Tan remanido el enfrentamiento, que es como sacado de un diario de años atrás. No dejó conceptos sobre el país anfitrión, ni siquiera sobre la región, en una reunión que si no hubiera sido por la portación de nombre: podía pasar inadvertida.

Mientras tanto, los depredadores ya se acercaban al cuerpo agonizante de General Motors y los chinos reservaban su parte, para comer primero. Wall Street proseguía en el jueguito de ver un indicador «bueno» y otro «malo», Bernanke salía al ruedo para dejar otro paquete de liviandades, y en nuestra región los índices sufrían mucho más: en proporción a todo lo que venían dejando de saldos suculentos.

Un día miércoles que quebró las espaldas de la semana, después de ver dos primeras ruedas jubilosa. Que no generaron en el ambiente aroma de inquietud, en virtud de la mucha «gordura» que se fue acumulando en el correr de estos meses. Más allá de que resultó el sector ligado al petróleo el que hundió más al Merval clásico, con mejor resistencia en el de las locales, lo que emergió de la rueda del miércoles encendió luces amarillas por si la oferta se ve envuelta en algunas novedades adversas: y otra en consecuencia. Esa misma tasa de evolución espectacular de estos meses, deja en alto grado de exposición al mercado. Y no sabemos qué opinará el lector, pero a nosotros no nos emociona que Clinton haya sido mensajero del optimismo, menos cuando el hombre tiene cierto «conflicto de intereses», para opinar sobre la crisis. La consigna sigue siendo cuidar la inversión, sin olvidar que se está dentro del «riesgo puro»: la cuerda más sensible, del violín de las finanzas.

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