Una aguda apreciación sobre la inversión bursátil, ya fue acuñada por los ingleses y hace mucho tiempo.
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Es la que hemos traído hoy al presente, apropiada para los tremendos giros que se abatieron sobre los inversores en la tendencia global. La que dice que: «Una inversión a corto plazo que se coloca en Bolsa, muchas veces se convierte en una inversión de largo plazo».
Esta apreciación tiene otros derivados, más personalizados, como que: «Un inversor a largo plazo, no es más que uno de corto plazo que no advirtió la tendencia a tiempo...». Y están bien las dos. Y a raíz de esto es que terminamos por preguntarnos si de la enorme masa inversora que quedó atrapada, por no salir a tiempo en la gran debacle de estos dos años, no se han tenido que convertir a otra religión: los que siempre habían sido fieles a las entradas de corto recorrido. Una lógica estricta nos dirá que -para ir al caso local- si en un punto el Merval había decaído hasta menos de «1.000» puntos -viniendo de picos en los «2.250»- la única inversión capaz de reintegrar lo perdido: era la propia Bolsa. Y no quedaba otra fórmula que sentarse a esperar, sólo con la amarga alternativa de quienes decidieran «realizar la pérdida» -más de la mitad del capital- y, mascando rabia, olvidarse del tema por mucho tiempo.
Algunos habrán hecho esto último, sin dudas, pero también estarán hoy en día en el sistema numerosos inversores «en corto», que aguardan el desquite y dejan que el movimiento de este semestre prosiga en evolución.
Otro de los misteriosos giros «mágicos» de esta apasionante inversión, hacer de un sanguíneo y saltarín, un reflexivo que espera mansamente que todo se desarrolle con los tiempos necesarios.
Y una incógnita nos va llevando a otras, como qué sucederá -si es que la tendencia sigue en progreso- cuando ya se ingrese a zonas mucho más cercanas, a las que debió abandonarse a finales de 2007.
¿Se habrá realmente convertido el inversor de corto, en uno que aprendió a esperar, varió sus miras? O es que solamente está como tigre enjaulado, en la vigilia de aguardar a que se recupere el capital perdido, para retornar a lo suyo de antes. Debe existir una buena cantidad de historias particu-lares -los agentes de Bolsa tienen que conocer unas cuantas- a lo largo de esta época plagada de hondonadas, que ahora ensaya una trepada.
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