13 de agosto 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

En China, sus gobernantes, que no han abandonado los principios del comunismo -en lo político-, pero que han cimentado su portentoso avance de estos años en el capitalismo económico (fusión que ha dado en denominarse «capitalismo autoritario»), también han abonado de manera permanente las bondades del fruto bursátil. Y decidieron dar un paso más, como para convertir a Shanghai en sólido exponente del sistema en el mundo. Ni más ni menos que abrir el juego para que puedan también enlistarse en su mercado empresas de origen extranjero. Símil del NYSE y donde varias compañías argentinas poseen cotización desde hace muchos años.

En contrapartida, la olvi-dada Bolsa de Buenos Aires, muchas veces también vili-pendiada por gastados discursos de barricada, ha contado con la visita del actual ministro de Economía. Que, para los tiempos que corren, resulta todo un acontecimiento exótico. En verdad... no es que vino para indagar cómo le va al sistema o de qué manera poder fomentarlo, para que pueda cumplir de modo eficiente con aquello que le es útil al país. Sino que debió acudir para poder darle el «marketing» necesario a una serie de títulos que resultan de interés a las inquietudes oficiales. Recordemos que nuevamente no se concretó la tradicional reunión por los festejos de otro aniversario de la entidad -era el 20 de julio- debido a los desaires del actual Gobierno, para comprometer su presencia.

En lo formal, se puede decir que es culpa de la oleada de gripe; en la cruda realidad tiene más que ver con la falta de respeto que estos gobernantes han derramado sobre una institución, que es muy considerada en todo país que sepa para qué sirve.

China
ya ha sacado partido de la Bolsa, propone más ideas para convertirla en eje financiero internacional, mientras en nuestro medio no tiene ninguna cabida en la mente de los funcionarios de turno.

Dos caras de una moneda, como viene sucediendo con tantas otras cuestiones, la «cara fea» nos toca a nosotros, aunque algo positivo puede salvarse: que el ministro de Economía sabe dónde está ubicada (y hasta se dignó poner los pies en su recinto).

Y así seguiremos, gozan-do de las mieles de ser declarado «país fronterizo» para la inversión, orgullosos de destruir lo que a otros les sirve. Y mucho. ¡Viva!

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