12 de noviembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Justamente cuando se iba a publicar la nota acerca de las relaciones estadísticas del Merval, con sus máximos históricos -nominales- y el muy distinto ritmo de negocios entre la cumbre en precios de 2007 y la actual: el mercado del martes se fue a pique en el volumen y realizando apenas $ 34 millones de efectivo. En lo que hizo a cotizaciones del índice, quedó casi igual a la rueda anterior y asediando esa frontera de los 2.300 puntos, para quebrarla en cualquier momento.

Pero nos quedamos con la mirada acerca de esa marcha de negocios que se fue apagando en estos últimos años. En la columna anterior hicimos referencia a que en aquel octubre de 2007 -con el Merval en 2.351 puntos- el promedio por rueda había resultado de $ 114 millones de efectivo. Con un pico excepcional que trepó hasta los $ 196 millones en una de las jornadas. Sin hacer las relaciones tan afinadas, en aquel momento se operaba con un dólar de $ 3 y ahora se vino trabajando con otro que fluctuó en un 30% por arriba, en 2009. Si hubiera que corregir aquellas sumas, con un 30% más para que fueran más constantes, al día de hoy el mercado local debiera estar moviendo negocios diarios superiores a los $ 140 millones. Y nos encontramos en octubre pasado con un promedio/rueda apenas a la mitad, cerca de los $ 70 millones, pero al ingresar a noviembre tomó por la pendiente. Hasta este día martes, que solamente consumió $ 34 millones, tan anémicos.

Nuestro colega de comentarios del mercado diario, que focaliza en la Bolsa de Nueva York, apuntaba para la rueda del lunes que: «1.236 millones de papeles, estuvo por debajo del promedio anual...», delatando que allí -en otra dimensión- también viene sucediendo que la fiesta alcista de los precios se viene financiando a un muy bajo esfuerzo de negocios. Y, además, no queremos dejar de destacar el que nos pareció un excelente título, para su comentario del mismo día lunes: «El fracaso económico es el éxito del mercado». La referencia era al G-20 y una reunión que no llegó a ninguna otra parte que a decir: sigamos estimulando las economías (los «esteroides» como salvación). Lo irracional y descabellado que luce todo, dando abono a los mercados, nos deriva a la reflexión de un grande -John M. Keynes-: «Nada tan desastroso como una política de inversión racional, en un mundo irracional». Y da resultado.

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