17 de diciembre 2009 - 00:00

Cupones bursátiles

Son curiosos los jardines en que se interna la economía de Obama, ahora con arengas directas a los banqueros «ricachones» para que abran las arcas y salgan a dispersar créditos a las empresas «y ayuden a que la economía se mueva...».

Confesión implícita acerca de que la rueda no volvió a ponerse en marcha y para confirmar que conviene seguir dudando hasta poder ver la realidad de los números y no la dialéctica de los funcionarios.

Si se lo emparenta de modo directo con el mensaje de Bernanke de hace unos días, prometiendo que la tasa seguirá igual «por largo tiempo», la idea de situación que cualquiera puede hacerse es que no se ha conseguido más que una meseta en la crisis.

Y que todavía no hay retoños verdes de lo que pueda llamarse un retorno al crecimiento. La chatura que se sigue percibiendo en los índices de Wall Street resulta una especie de conclusión, a tal tipo de empujones políticos, que no ha logrado emocionar al capital de riesgo. Así se está consumiendo el remate del ejercicio 2009, donde en los mercados casi puede decirse que la función ha terminado, apurando las últimas ruedas con ritmo de siesta.

Se ha visto en la semana que ya no hay alas en los indica-dores, y así como surge una rueda de perfil interesante, en la siguiente todo se aplana nuevamente.

Un papel al que habíamos citado como un testimonio real de cómo se piensa actualmente siguió dentro del mismo esquema: las acciones del Hipotecario, que tanto integran el podio de las «mejores alzas» de una rueda como en la sesión siguiente participan del elenco de las «principales bajas».

Y esto delata que la toma de utilidad en los papeles más elásticos se ha convertido en la caza del sustento diario.

Olvidada la inversión en largo, desaparecida en gran medida la del mediano plazo, ni siquiera va quedando la colocación en corto (de unos meses), sino que ya resulta casi del día por día al entrar y salir, en un «trading» de vértigo, procurando hacer una diferencia de operaciones acumuladas.

Y no hay otra cosa por el momento, un claro escepticismo que campea en el mundo, donde las pequeñas noticias a favor se diluyen frente a la sensación de fondo: nada se ha resuelto todavía.

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