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Cupones bursátiles
El logro más simbólico en Buenos Aires resultó haber podido superar -falta consolidar- la zona de frontera de los 2.400 puntos. En términos reales no se establece una marca máxima, pero sí lo es en cuanto a la estadística nominal del indicador local.
Siempre quedando en deuda, respecto de darle mayor densidad de negocios al segmento accionario, ha respondido en cotizaciones. Y probablemente se haya visto adelgazada en cierta medida la corriente de papeles en oferta, a precios por debajo de las alturas alcanzadas. Una labor que se siguió consumando, como para dejar un fuerte potencial de aumentos si se llega a concretar la aparición de capital de riesgo -el que busca alternativas a la inflación- para forjar posiciones. Tal vez resulte tal expectativa la que abrirá el mes de abril, una vez acallados los ruidos del «canje» y si no aparecen sorpresas y variables desagradables, tanto como del grupo de llamadas «ingobernables» (aquel tipo de noticia que irrumpe súbitamente y que los operadores no estaban en condiciones de conocer de antemano, ni de poder imaginarlas).
Nuestro mercado, su contexto, está altamente expuesto a tales variables y proviniendo de cualquier cuadrante, ya sea político, económico, financiero o social. Por allí, ha surgido nuevamente que entre proyectos oficiales que estarían en carpeta, otra vez ha salido del cajón la idea de aplicar gravámenes a las actividades financieras. Donde difícilmente quede algún tipo de activo, a salvo de tales recaudaciones.
He ahí, entonces, uno de los varios peligros para que toda corriente que se insinúe pueda ser desviada de inmediato. El mundo también tendrá que decir lo suyo ya bien entrado el ejercicio, cuando estamos en la era del «déficit» soberano y la negativa a los «ajustes» en todos los países: fórmula que es tan seductora a los oídos y tan peligrosa a cierto plazo.

