15 de octubre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Una nota de nuestro colega Jorge G. Herrera nos daba nuevos motivos para no dejar pasar por alto. A sabiendas, esto lo sabe con creces el lector que sigue nuestra columna, que pensamos que la actitud que nos corresponde es buscarle los puntos flacos a una tendencia, antes que subirnos -lo más fácil- al carro de la victoria. Y como no creemos, después de unos cuantos años de permanecer junto al mercado bursátil, en variables que no cierran e, inclusive, como sucede en esta zona tan atípica, se entrechocan entre sí, hilvanamos de tales situaciones que prenden luces amarillas. Bajo el título de «Analistas no creen que los nuevos planes ayuden», el colega Herrera realiza una descripción de aquello que se aguarda que se implemente, en la percudida economía de Estados Unidos.

Y las expectativas que se poseen al respecto. Uno de los párrafos que más nos llama la atención dice: «Las acciones que se han tomado han quedado por debajo de las expectativas». Y gran parte de los analistas coincide en tal visión. Agregando que «dado que la utilidad marginal de las medidas cuantitativas, es decreciente. Y, además, puede generar problemas de inflación a medio plazo....». En tal caso puede que sea la visión que tenemos todos. Sencillamente porque «el dinero malo corre el bueno» y es una de las leyes de oro que el hecho de inundar de moneda siendo propietarios de la «maquinita» no resulta una solución confiable. Y es lo que, en segunda vuelta, parece que hará la Reserva Federal desde el próximo noviembre (que habla de u$s 1,5 billón de dólares, llegando a inyección récord).

Pero no es lo que más nos llamó la atención. Sino que en el párrafo siguiente, se dice: «Sin embargo, esto es preci-samente lo que desea Ben Bernanke, dado que una inflación creciente ayudaría a pasar mejor el proceso de desapalan-camiento de la deuda norteamericana...».

Esto nos promueve a pensar, parece que a buena parte de la población del Norte también, que el Gobierno de Obama no acertó -ni por asomo- con soluciones de fondo, valederas, para sacar adelante el desastre encontrado. Desastre que, por otra parte, seguramente le permitió ser presidente: para que llevara a cabo la promesa de soluciones. Pero arribar a que Bernanke -la Fed- vea con buenos ojos que se genere esa temida inflación, por la vieja fórmula argentina de la «licuación», es haber tocado fondo. Temible.

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