19 de octubre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

El escenario en el que aguardan señales los mercados para completar otra ronda semanal no solamente evidencia remarcar características que tienen que ver con lo monetario y el fluir creciente de capitales erráticos, en busca de puertos que prometan un poco de renta. Sino que se va haciendo más notoria la voluntad de los países de colocar vallas a sus importaciones y pretender enviar producciones en el exterior, que al venir mezclado con la polémica que está sobre tablas, acerca de lo que se ha bautizado como «guerra de monedas», compone un cóctel explosivo que deberá asumir la economía global.

En tanto, sabemos que los operadores se han acostumbrado a tomar supuestos estímulos positivos para sus propios negocios: que provengan, si no aparecen en el contexto interno, de cualquier otro lugar y hasta de mínimos calibres.

Todo parece servir para hallarles el «argumento» a los índices domésticos y tal práctica no es propuesta -como muchas veces lo ha sido- de los mercados menores, de segundo o tercer nivel, sino que se ha visto subir al Dow Jones esgrimiendo datos de la economía China. Hecho que luego replica por el resto de recintos que toman las señales del principal generador bursátil.

Desafíos

A medida que se acerca la zona de remate del ejercicio, más apretada y difícil de esclarecer se muestra esa selva de cuestiones de peligrosos contornos. Y que a cada paso propone nuevos desafíos, alejando el entorno de condiciones que resulten de normalidad.

El comprar activos de toda índole, con dinero envilecido y sin basamentos serios, resulta un juego al que se han ido acostumbrado los operadores de todas partes. En tal caso, la natural «aversión al riesgo» se subordina a la oportunidad de buscar la renta rá-pida, al contar con incentivos que aseguran excesos de oferta de dinero (y casi sin costo de base).

En la semana, el objetivo aparente establece esperar que algunos balances de sociedades de los Estados Unidos «vengan mejor»: para encontrar allí un justificativo que sirva para todos.

«Juguemos en el bosque...» resulta el cantito de moda y al que se pliegan más opera-dores. Dispuestos a pasar por alto los peligros que acechan. Y seguir, hasta donde Dios diga.