1 de febrero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

La designada «comisión investigadora», que fuera reunida en Estados Unidos a fin de establecer quiénes fueron los «asesinos» de un esquema económico festivo, dio a luz las conclusiones. Y es así que todo el mundo se entera de una definición rotunda: «La crisis podría haber sido evitada...». Fenómeno, dirán los atribulados ciudadanos: «Ahora nos quedamos más tranquilos». El gran acusado es la Reserva Federal -en realidad, en la persona de Alan Greenspan- y los seis integrantes del Partido Demócrata que armaron la investigación, el doble que los integrantes republicanos, terminaron por decir -o, simplemente, copiar- aquello sobre lo que ya hay voluminosos libros escritos.

Detrás de Greenspan aparece una cadena de nombres, tanto de organismos como de afamados personajes de la política (para no quedar muy parciales, hasta rozaron a Bill Clinton en el informe). A la pregunta ¿para qué sirve todo esto?, la respuesta de la historia es simple: nunca ha servido, ni servirá para nada. Los ciclos dan la vuelta, la bonanza retorna, los nuevos desvíos aparecen. Y todos gozan de la fiesta, hasta que les presentan la nueva «factura», que todos se quitan de encima. El péndulo de «desregular» y «regular ha ido siempre al mismo ritmo.

Las intenciones severas se ablandan y las grandes fiestas se vuelven a armar.

Bancos, al ataque

Curiosamente, los grandes banqueros que estuvieron en un primer momento en la mira han logrado salir de los reflectores. Y no solo eso, sino que están en plan de ataque a quienes critican. En Foro de Davos, con total desparpajo, el titular de JP Morgan se dio el lujo de interpelar al presidente de Francia -Sarkozy- molesto por lo que estuvo diciendo de los bancos. Y asegurando que «los bancos ya hicieron mucho», en tren de suturar equivocaciones y adecuarse a nuevas normas.

Se unieron los grandes banqueros para no aceptar que se los critique, en tanto siguen ahora gozando de una deliciosa «tasa cero», que les permite forjar nuevas estrategias para recuperar su ritmo de ganancias. Mucho de ese dinero debe estar jugando con activos, bajo diversas formas, mientras las autoridades se entretienen con el pasado y sus supuestos culpables. Sin hacer casi nada por el futuro y sus potenciales responsables.

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