16 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Las autoridades japonesas decidieron dejar que la Bolsa de Tokio funcionara normalmente, inclusive asegurando el suministro de energía al sector financiero, a pesar de estar todavía en medio de la tragedia que se vive. Y con el adicional de una alerta nuclear, que mantuvo viva la tensión después del terremoto.

De acuerdo con enseñanzas recogidas a lo largo del historial de los mercados, es mejor dejar que la presión contenida salga gradualmente, antes que cerrar las operaciones y después sufrir la avalancha de un solo golpe. Desde tal ángulo, una correcta decisión (aunque algunos se escandalicen, por ver mezclada la tragedia con operaciones mercantiles).

Pero donde se fueron de marco es en cuanto a proveer una inyección de capital y con el mensaje de «contener la especulación».

En tal sentido, es más aconsejable que el mercado halle su propio piso, su nivel natural, sin colocarle diques artificiales. Lo que no se deba pagar de entrada lo hará después y consumiendo energías oficiales, para evitar lo que debe ser proceso ortodoxo, para poder limpiar el mercado de vendedores que deciden la salida.

No sería de escandalizar que la Bolsa de Japón, en medio de tal panorama, ubicara sus pisos mucho más abajo y, en consonancia con lo que sucederá con la economía del país. Por más que se dediquen miles de millones al mercado, nadie podrá creer en que esto no arrojará serias consecuencias para la salud económica japonesa. Y el comprador valioso es el que aparece solo, una vez llegado a una línea de corte donde los papeles vuelven a ser tentadores.

De cualquier forma, todo el concierto bursátil posee ahora otro frente de preocupación y habrá carteras internacionales jugadas en buena medida a títulos del Nikkei, que jugarán desde ahora en más como especies desagiadas y con problemática encima, de tendencia complicada. Por lo demás, la actuación general del lunes y en primera fecha posdesastre japonés, no distó de cualquier rueda de perfil habitual. Casi como en un acuerdo tácito, donde surgieron sostenes para que los índices no reflejaran aquello que debían haber reflejado.

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