18 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando un mercado -o los mercados, en general- ingresa a una zona bajista, y más cuando se trata de bajas inducidas por cuestiones del escenario que lo precipitan, siempre se ha visto que lo más conveniente es que lleguen al fondo del pozo en el menor tiempo posible. En la medida que aparezcan sostenes artificiales, siempre acompañados del estúpido mensaje sobre «no permitiremos la especulación», lo que ocurre es que el sufrimiento se retrasa y, como consecuencia, también la recuperación.

La que sirve, la natural, la que al llegarse a un piso firme obliga a que la demanda tenga que pagar más para conseguir papeles. Lo vertical, si bien asusta mucho y no gusta para nada -en especial a los políticos gobernantes-, es el modo más sano para dejar salir las presiones.

Decíamos, días atrás, sobre lo correcto de Japón en dejar -y asegurar- que la Bolsa de Tokio prosiguiera operando, escapando a ciertas ideas -que siempre surgen- de los que suspenden operaciones para evitar las bajas seguras.

Las veces que se hizo, hace muchas décadas, el experimento de parar fue un fracaso total. Porque las presiones que se acumulan después salen con toda furia y haciendo destrozos mayores.

Pero, en la misma columna -imaginando- también hablamos de la incorrecta actitud de querer inyectar grandes cantidades de demanda -por vía oficial- y sin pensar, acaso, a quién podría eso convencer...

El miércoles, los mercados amanecieron contemplando una «milagrosa» suba del Nikkei -del 5%- y lo que debía suceder, sucedió: los demás no le creyeron. Y en el curso de las ruedas resultó el día más agresivo en las bajas del resto. Que es como debía ser frente a la problemática que se vive.

Es notable cómo siempre se actúa del mismo modo ante las mismas circunstancias. Y a pesar de estar comprobado, los gobernantes no resisten que un mercado refleje en sus espejos -que es la función natural- aquello que ocurre en el contexto. Salen con el latiguillo de «los especuladodres salvajes», de querer introducir diques oficiales que son rebasados, etcétera. Imaginemos qué no haría un Moreno frente a caídas fuertes del Merval. Imagine... y temblemos.

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