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Cupones bursátiles
Recordamos cuando estalló el caso de Grecia y los gobernantes del país, muy tranquilos en lo suyo, adjudicaron el desastre al asesoramiento proveído por gente de Goldman Sachs. Los que tienen muchas manchas en su haber y antes de dejar que ellos asesoren: mejor dejarlo en manos de algún «ganster» de Chicago (si es que quedan).
Culpas
Pero, aunque otra -lo más pulcra y honrada- hubiera sido la proveedora del servicio: siempre la última palabra, la responsabilidad, correspondió a la decisión de los gobernantes. Ni hablar de nuestro medio, donde siempre se encontró en el «FMI» el culpable de todos los males. Diciendo que seguían sus rectas cuando, en verdad, lo que se firmaba con el Fondo no se cumplía, y una vez recibido el préstamo, cada Gobierno hizo lo que quiso.
De última, los administradores de las AFJP -ahora yendo adelante con juicios- que fueron tan ineficaces y funcionales a los gobiernos, con tal de que se les respetaran las absurdas comisiones, que cobraban las entidades. Muchas veces dijimos, en aquellos momentos de vigencia de las AFJP, que la cartera que armaban la podía constituir cualquier jovencito de quince años. Todas casi iguales, llenas de títulos públicos que eran -además- literales «bonos basura» y ensuciando cualquier cartera sensata. El Estado, victimario al obligar a constituir semejantes engendros de inversión, después terminó confiscando y acusando a los administradores de ser «ineptos». En este caso, creemos, se puede asimilar la figura de «mala administración» por subordinarse mansamente a designios superiores, políticos, sin defender de modo apropiado a los propietarios del capital que administraban. Por lo demás, salvo lo fraudulento, penalizar pos «mala administración» -o malos consejos- es una figura tan etérea como una burbuja. El único consejo al inversor: cuide lo suyo, de al lado.


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