21 de marzo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Europa sigue inflamada y solamente con leer acerca de cómo se prepara en Francia para sus elecciones de abril, da para la alta preocupación. Flamea una bandera «antimercados», candidatos de izquierda prometen duros escarmientos y en su extremo más masivo hasta se recrea en los manifestantes el espíritu de: «las revoluciones y rebeliones en Francia...». Se supone que el candidato más explosivo -Jean Luc Mélechon- no llegará a dar batalla seria en las urnas. Pero, al unísono, las estimaciones son que el actual presidente caería derrotado en la «segunda vuelta», bajo el fuego aunado de los votos, en contra de los «conservadores» que hoy gobiernan. Aun el candidato menos hostil, Hollande, tiene como principal ariete ir frontalmente contra los mercados, aplicando gravámenes de todo tipo y yendo en procura de todo individuo al que se considere rico, de posición económica holgada.

De allí surge que la práctica sostenida de Sarkozy para gravar instrumentos financieros en la zona europea (tratando de convencer a los elementos) resultó una necesidad política, con tal de quitarse banderas de campaña a los socialistas. De tal modo, se generó un frente «antimercados» para los próximos tiempos franceses. Y como resulta un discurso que penetra, echar culpas a mercados y nunca hablar de culpas por malas administraciones también está dentro de lo posible que la ofensiva se expande y resulta una especie de «cruzada» de muchos gobiernos persiguiendo al capital: un juego seguramente peligroso, que acaso intente jugarse en Francia, donde los capitales huyan hacia confines que no los espanten y el país se encuentre en encrucijadas mucho peores.

Vimos días atrás, a través del relato de un participante de «Gobierno Sachs», que la crisis no dejó experiencias para poder corregir los desvíos que la acuñaron. Y también puede verse que los políticos se consideran libres de toda culpa y pecado. Sin autocrítica, sin hacer la debida limpieza para colocar en caja a los aventureros, como tampoco sin quitar de cuajo las causas de la gestión ruinosa y las malas administraciones, que fueron los más responsables del desastre. Tanto por los desvíos de malos planes, como por la falta de control ejercida sobre mercados -y mercaderes- que se movieron a sus anchas en toda un década previa.

Muchas ruedas como la del lunes, oscura y chata, se irán repitiendo a lo largo de 2012, cuando el inversor advierte que estuvo navegando en círculos, por la falta de verdaderos estímulos positivos. Traducido en caídas de ritmo y la inconsistencia de los precios. Cuidado.

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