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Cupones bursátiles
De allí surge que la práctica sostenida de Sarkozy para gravar instrumentos financieros en la zona europea (tratando de convencer a los elementos) resultó una necesidad política, con tal de quitarse banderas de campaña a los socialistas. De tal modo, se generó un frente «antimercados» para los próximos tiempos franceses. Y como resulta un discurso que penetra, echar culpas a mercados y nunca hablar de culpas por malas administraciones también está dentro de lo posible que la ofensiva se expande y resulta una especie de «cruzada» de muchos gobiernos persiguiendo al capital: un juego seguramente peligroso, que acaso intente jugarse en Francia, donde los capitales huyan hacia confines que no los espanten y el país se encuentre en encrucijadas mucho peores.
Vimos días atrás, a través del relato de un participante de «Gobierno Sachs», que la crisis no dejó experiencias para poder corregir los desvíos que la acuñaron. Y también puede verse que los políticos se consideran libres de toda culpa y pecado. Sin autocrítica, sin hacer la debida limpieza para colocar en caja a los aventureros, como tampoco sin quitar de cuajo las causas de la gestión ruinosa y las malas administraciones, que fueron los más responsables del desastre. Tanto por los desvíos de malos planes, como por la falta de control ejercida sobre mercados -y mercaderes- que se movieron a sus anchas en toda un década previa.
Muchas ruedas como la del lunes, oscura y chata, se irán repitiendo a lo largo de 2012, cuando el inversor advierte que estuvo navegando en círculos, por la falta de verdaderos estímulos positivos. Traducido en caídas de ritmo y la inconsistencia de los precios. Cuidado.


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