22 de marzo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Está comprobado que al desaparecer el gran gestor de motivaciones, el caso griego, se ingresó en una etapa de amesetamiento de novedades. Y para recorrer terreno llano, solamente aparecen sobre la mesa los permanentes -fastidiosos a veces- datos focalizados de la economía de Estados Unidos. (Un seguidor de esta columna nos preguntaba acerca de esto y cuántos son los datos estadísticos que allí se consultan. Le dijimos que en una ocasión Alan Greenspan comentó que la Fed tenía 18.000 series a disposición.) Seguramente gran parte de la estadística resultará de tipo sofisticado, otra porción de carácter muy confidencial y para exclusivo uso interno de la entidad. Igualmente, no pasa casi ninguna jornada donde no aparezcan números de las mediciones económicas o financieras. En épocas normales pasaban de largo, los índices bursátiles no se inmutaban ante esas visiones sesgadas y las tendencias corrían junto con los hechos de cierto calibre. Ahora es como que todo es material «importante» y el martes fue una prueba, donde la razón que se aducía para la baja general de los indicadores bursátiles -en toda región- tenía relación con un dato acerca de «permisos de construcciones» en el Norte (y un rebaje en los mismos). El Dow no pudo ensayar otro de sus «goteos» diarios, casi planeados y regulados para no llamar la atención deslizarse a diferencias mensuales que lo han llevado al punto actual: con ninguna coincidencia, respecto del contexto que se vive y ellos mismos continúan soportando.

El martes marcaron un leve rebaje del 0,5 y apoyado en el mencionado dato difundido. Todos los demás de la caravana global lo siguieron en el signo, con el Merval superando por mucho el promedio de los otros (llegando a un 2,33%, donde se podía suponer un cierto malestar de orden nativo).

El caso es que el vértigo de apariciones de datos continuados hace que unos sepulten a los otros, y si surge una que genera desánimo -como el martes- de inmediato viene alguno que ayuda a levantar el espíritu. De todo esto, además, surge un buen interrogante: ¿cuál será el verdadero estado de la economía de Estados Unidos? Los indicadores se entrechocan, a veces uno de menor valor relativo se superpone con otro de peso fundamental. Por el momento habrá que vivir en el permanente ritmo de tal tipo de estímulos (y el que impriman los que manejan su difusión traducido a lo brusátil). Hasta que irrumpa un fuerte hecho acaparando la atención global, bueno o malo, y ello predomine.

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