5 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Capitalizar a la banca europea por un lado, récord de desocupación por el otro -con España en un tremendo número de más del 23% y que no afloja-, medidas que no son para la semana que viene: y que recién se instrumentarían en 2013. Y, además, la creación de un organismo «supervisor» -para toda la «eurozona»- superando a los propios controles internos. Obviamente, se han tomado los párrafos y anuncios más convenientes, tras la «cumbre» de gobernantes. Esto, en relación con lo que recorrió las pantallas que inciden sobre los mercados, logrando el cometido de focalizar todo el argumento respecto de un fondo de salvataje general para el sector bancario (y presentado como si fuera para aplicarse ya). Paralelo a ello, se inyectó la idea sobre que a Merkel -Alemania- la han podido ablandar, o «doblarle el brazo» (cita literal) como si esto ya hubiera trascendido al plano de disputar un «match», para ver quién doblega a quién, cuando queda en segundo plano la situación de Europa, de perfiles de tono dramático. En tal enfrentamiento, parece estar Merkel sola y jugando ante un «combinado» global.

Poder colocarle un «cepo» a los devaneos de políticos que se dedican a fabricar bonanzas sin controles, conceder salvatajes a cambio de que acepten ser vigilados: no suena a que le hayan ganado la partida, a la líder alemana. Ya se dio el primer paso dentro de los países, donde un Banco Central estará monitoreando los futuros desvíos. Pero, los mercados estuvieron en estos días sacándole el debido jugo a los párrafos seleccionados en los escritorios, que crean estímulos positivos de donde puedan. Y, en caso de que no puedan ser vitaminas naturales, simples, claras, suministrar dosis de «esteroides» para inflar musculaturas en economías y mercados flacos.

El Dow tuvo el lunes la difusión de un mal dato sobre «manufacturas», velozmente sepultado en el semiferiado del martes enancado en aquello de Europa. Y todos pudieron acceder al plato, bastante más en cuanto a Brasil y nosotros: ignorando los dilemas de las economías domésticas. Donde no aparece un sólo aliciente, sea de índole privada u oficial. Con muy poco se consigue alentar a ciertas subas, también con poco se las deprime. Y así se forma el séptimo capítulo que -como quedó dicho- es para el puro acierto del operador inspirado. (Los demás, ya se abstuvieron.)

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